Volvemos con las historietas que tanto están gustando. Esta vez de la mano de Chico_Sun, el autor de la historia “Mi compañero de piso está cada loco”. El texto que viene a continuación no tiene mucho que ver con el anterior. Esta historia es más seria, más centrada en la vida, el amor, los sentimientos, los recuerdos, los momentos… Espero que os guste y la disfrutéis tanto como la he disfrutado yo.

Hacía tanto tiempo que no me quedaba embobado, sin mirar hacía nada. De alguna manera siempre he pensado que estos momentos son especiales. Es como si dejases tu cuerpo apoyado y salieses unos minutos fuera.
“Familiares de Ernesto García?!!”
“Si, aquí!, soy…su hijo”
“Bien, la operación ha sido un éxito. Ahora lo tendremos toda la noche en Urgencias y mañana tal vez lo subamos a planta”
“Puedo entrar a verlo?”
“Mejor que no, está sedado y es mejor que no haga esfuerzos. Mañana por la mañana, cuando se recupere un poco, pásate por aquí y seguramente puedas entrar…”
“Vale, muchísimas gracias”
Su hijo, había dicho que era su hijo. No sé porque lo hice, o tal vez si. Es lo más cercano que tenido a un padre desde que los míos murieron. Sólo mis abuelos habían asumido ese papel, hasta que al final tuve que ser yo el que cuidase de ellos.
Todos somos hijos de alguien. No lo elegimos. Nadie nos pregunta a quien queremos tener como padre, o si queremos tener uno de cada, o incluso varios. Simplemente viene con la vida que nos ofrecen. Y depende de nosotros quererlos, o no hacerlo.
Yo quería mucho a los míos. Son felices todos esos recuerdos. Me veo en la playa, llenando la cara de mi padre con crema bronceadora, mientras duerme en la tumbona. Cuando se despertaba, me cogía y me llevaba corriendo para lanzarme al agua.
Mi madre siempre sonreía y decía que “estábamos locos”.
Afortunadamente lo estábamos. Afortunadamente lo sigo estando.
Sonaba el móvil, era un viejo amigo. Hay tantas veces que ni siquiera lo escucho, acostumbro a ir siempre con la música, me ofrece el privilegio de no pensar en nada. Y son más veces las que creo que suena, que las que realmente lo hace.
“Dime?”
“Ey, tío, que pasa?” “Vas a hacer algo esta tarde?”
“Iba a dar una vuelta, pero si me propones algo mejor…”
“La podemos dar juntos, creo que estos después querían ir a cenar y salir un rato por ahí, en plan Light…”
Siempre me ha hecho mucha gracia el concepto “Light”. He llegado tantas veces a las 7h de la mañana después de una salida “Light”.
Coca cola Light, Mayonesa Light,…Es una manera de esconderlo? De esconder que les gusta?
“Yo tomaré una Coca cola Light, es que no quiero engordar”
Pues tómate una vaso de agua, o mejor no bebas nada.
La gente y la apariencia. Viven tanto de ello. Prefieren vivir la vida que mejor se ve, a la que quieren, Después se preguntan mil veces si serán felices.
“Vale, a que hora quieres quedar?”
“A las 19h en el metro?”
“Por mi perfecto”
“Vale, pues nos vemos allí”
“Venga tío, que vaya bien!”
“Que vaya bien, hasta luego!”
Siempre me han hecho sonreír esas maneras de terminar las conversaciones.
Me entretengo tratando de averiguar cuanta verdad hay después de cada despedida, y después de cada idea de reencuentro.
Dudo que muchos de ellos quieran volver a verme una vez más. Si por ellos fuese, no tomaría nunca nada “Light”.
Odio el calor de Barcelona, es tan agobiante, sudo como si hubiese estado corriendo todo el día. Es de las pocas cosas que no me gusta de esta ciudad. No, por ser la mía. De hecho no creo que sea mía. No creo que seamos de ninguna, salvo de aquella en la que nos sentimos a gusto cuando estamos.
Mi padre me dijo una vez “Sólo hay una manera de no disfrutar de las cosas. Creyendo que son nuestras”.
Y tenía razón. Nunca me ato a nada, ni a nadie. Prefiero disfrutar de todas, que pensar en cual me gusta más. 
Al fin un poco de aire. Lo bueno que tiene este centro, es que al ser nuevo, todavía funciona el aire acondicionado. Se que debería subir por las escaleras, pero me gusta verme en el espejo del ascensor. Siempre me veo bien. Debe ser la luz. O la
poca que hay.
Mi abuelo siempre recuerda quien soy. Pero no lo que hace allí. Desde hace un tiempo comenzó a perder la memoria. Dijeron que sería progresivo. Por el momento todavía es lento.
Siempre se alegra y grita al verme. Echaré de menos cuando deje de hacerlo.
No imagino como debe ser eso. Hoy sabes que has tenido toda una vida. Y mañana no recuerdas ni donde está el comienzo. Todos hemos pensado alguna vez en borrar algo de nuestra cabeza. Un mal recuerdo, una persona, una imagen, un silencio…pero realmente lo haríamos? Borraríamos una parte de nuestra vida por miedo a recordarlo?
Estonces siempre estaríamos empezando.
Y sólo seríamos principios. No sabríamos que hemos estado viviendo. Que habría entre medio.
“Quieres que te levante abuelo?”
“Sabes lo que he comido hoy?” “Habas!”
“Habas? Pero si están malísimas…”
“Malísimas? Que sabrás tu, si no las has comido nunca…”
Me gusta eso de los abuelos, nunca hemos hecho nada, pero estamos metidos en todo. También me gusta el concepto que tienen de la comida. Siempre estamos en los huesos. “Come un poquito más”, “Abuelo si como un poquito más me tenéis que llevar a Urgencias”
“Y que has comido de postre?”
“Natillas”
“Te gustan?”
“Bah, se pueden comer…”
Me encanta una cosa de mi abuelo. A parte de que sin dientes sea capaz de comerse un rinoceronte vivo. Nunca le hace ascos a nada. El, que por norma general debería tener más prejuicios que nadie. Sin embargo, no los tiene.
Aún recuerdo todos esos miércoles de mercadillo, compraba la camiseta más llamativa de todo el recinto. O las excursiones a las que se apuntaba. Le daba igual el sitio, el quería ir a todos.
He aprendido mucho de ello. La gente acostumbra a tener el “No” preparado entre los dientes. Pero el no tiene.
Siempre he pensado que al final sólo nos arrepentiremos de lo que no hicimos.
“Venga, levántame y llévame un rato al Sol”
A el también le gusta mirarse en el espejo del ascensor, y hacer muecas. Me gusta como saluda a todo el mundo por los pasillos, “Que vaya bien” le dicen, mientras yo sonrío.
Acostumbro a ser puntual, me jode mucho tener que esperar, por eso trato de serlo. Creo que soy bastante impaciente, desde pequeño. Quiero las cosas en el momento. La incertidumbre de no saber si llegarás a hacerlo. Creo que es de las peores
sensaciones que existen.
“Que pasa tío”
“Ey, que tal?”
“Buah, estoy cansadísimo, llevo toda la mañana estudiando…”
“De que tienes el examen?
“Contabilidad Financiera”
“Mucha cosa?”
“Tengo muchísimos apuntes, además es pesadísimo…”
“Y tu que tal?”
“Bien, sobrevivo”
Acostumbro a responder eso. Me protejo de alguna manera. No creo que sinceramente a alguien le pueda importar lo que hago o dejo de hacer. Otras veces simplemente me lo invento. Siempre he pensado que entre aquella persona y tú existe esa verdad en
el momento. El no sabe que le miento, para el es cierto. Realmente me gusta mucho hacerlo. Como cuando entre ellos ven que no encaja y todo se desmonta. Me encanta verlo. Durante unos segundos, todo fue sincero. Todo fue nuestro.
“Creo que nos esperan en aquél sitio de los bocadillos”
“Vale, pues vamos para allí tranquilamente…”
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A veces no escucho lo que me dicen. No por ellos. Sino porque a veces me pierdo mirando a la gente. O a los sitios por los que paso. Sigo teniendo eso de niño. Me imagino la vida de los que se cruzan. A donde van. O lo que les preocupa. Cuando vuelvo en si, me limito a reír, como si hubiese escuchado todo lo que me habían dicho. Es fácil. Cuando no entiendo algo, o tengo miedo. Sonrío. Una sonrisa siempre sirve.
“Míralos, están ahí”
“Ei que pasa? Como estáis?”
Siempre que hay un grupo de gente. Me cuesta meterme en el ritmo. Acostumbro a ir a lo mío. O como mucho a acercarme a quien tengo más confianza. Creo que eso lo hacemos todos. No es por timidez. Ni por miedo. Llevo mucho tiempo alejado de todo eso. Y de todo esto. Tal vez meses. Desde hace un tiempo me limito a seguirme a mi mismo.
Ya ni recordaba lo que era comer con gente. Me gusta comer sólo. De alguna manera pienso que es como masturbarse. Creo que eres el único que realmente sabe como hacerlo.
“Ahora después de esto iremos a tomar algo, he avisado a un grupo de amigas, nos lo pasaremos bien”
“Chicas? Eh, que bueno tío, tengo ganas de fiesta…”
“Están buenas?”
“Están buenas?”, es lo que importa. El valor de la imagen está por encima de todo.
Tal vez sea una estupidez, pero nadie dice nunca “Ojalá pasemos un buen rato”.
Supongo que más tarde ya tratarán de convencernos, de que son diferentes, de que no son como el resto, pero imagino que esa parte viene luego, cuando ya saben si están buenas.
No recuerdo la última vez que estuve con una chica. Con estar me refiero a quedarme. A quedarme en ella. No creo que nadie me aguante. Ni yo mismo creo que lo hiciese si me presentasen. Siempre he creído que el amor viaja aparte. Que se desprende de la vida al nacer. Y que nunca habrá situación, hecho, momento, acción que sea tan intensa como el perder a alguien que quieres. Por eso para mi es tan importante. Por eso no puedo quedarme, porque no lo notaría cuando se marchasen.
“Cogemos el metro, ellas vendrán más tarde”
Me encanta la noche. Me encanta porque me da miedo. Porque vale todo, y no importa nada. Porque puede pasar cualquier cosa. Pienso que es como si durante el día viviésemos en una cárcel de normas y leyes. De noche alguien abre esas puertas y nos libera. Hasta la mañana. Entonces recogemos lo que hayamos sido capaces de conservar. Y volvemos a entrar.
“Que queréis tomar?”
No me apasiona beber, pero me ayuda a no pensar. Así que siempre acabo haciéndolo. A veces en cantidad
“Una cerveza”
La cerveza no es mi predilección, pero es buena para empezar. Creo que no hay cerveza “Light”.
Sospecho que no quiero estar aquí. Realmente no sé si tengo algo en común con ellos. Tienen vidas llenas de compromisos. Para mi la vida es simplemente aguantar hasta mañana. Me limito a escuchar la música y a beber.
“Ya están aquí, voy a buscarlas”
Ni siquiera he pensado como serán. Ciertamente me da igual. El alcohol ha subido lo suficiente como para que no me importe. Cuando entren seguiré apoyado en la pared. Las saludaré y me volveré a sentar.
“Ellas son Alba, Pilar y María”
“Hola, soy Miguel”
Les dije mi nombre, no siempre lo hago. Es absurdo porque siempre me lo acaban preguntando. Bueno, ya hice más de lo que pensaba hacer.
Hablan entre ellos y ríen. Yo observo como el espectador de un cine. La diferencia es que ya voy por el segundo cubata.
Me gusta ver la relación que tiene la gente que no se conoce. De alguna manera siempre pienso que estoy viviendo el comienzo de una historia. Tal vez en un tiempo, algunos acaben juntos .También escucho las conversaciones que tienen. Son tan superficiales y sencillas. Las necesarias para este tipo de momentos. Hablan como si a cada uno le importase la vida del otro.
Salvo ella. Ella sólo sonríe .Tal vez hace lo mismo que yo cuando no escucho. Creo que ya tengo un motivo para quedarme. La espiaré sin que me vea. Realmente es muy guapa, y pequeña. Se que tampoco quiere estar aquí. Ya no escucho a nadie más que a ella. Y su manera de reír. Hacía tanto tiempo que no escuchaba a alguien reír, Se limitaban a hacerlo, pero yo no paraba atención.
Su mirada se consume en ese vaso que le acompaña desde que llegó, hay algo que esconde, pero no sabría decir que es.
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“Y tu? Que estudias?”
“Yo? A vosotros…”
Siempre he pensado que a partir de los gestos podríamos acercarnos a cada persona. Es como una puerta entre abierta que nos dejan para que realmente sepamos lo que sienten. Inconscientemente, nos muestran lo que ocultan entre las palabras que utilizan para protegerse.
Cuando están pidiendo auxilio. Cuando piensan que no deberían estar aquí. O cuando están interesados en ti.
Realmente creo que sería un gran psicópata.
“Podríamos seguir la noche en una discoteca de aquí al lado…”
“Yo ya me voy, estoy cansado”
Definitivamente no tenía que haber venido. Lo único que me llevo es todo el alcohol que he bebido. Y la imagen de esa chica a la que ni siquiera he llegado a hablar.
“Yo también me marcho, mañana tengo que levantarme pronto”
Ella también se va. Nos acompañan hasta el metro. Que gentiles. Deben pensar que voy a hacerle daño. No deberían preocuparse. Yo soy de los que se limitan a espiar. Aún no he dado el salto como asesino profesional. Dadme dos noches más.
“Bueno, yo cojo la otra línea”
“Yo me voy por aquí, un placer”
“Ya nos veremos, adiós!”
“Adiós”
“Ya nos veremos”, sinceramente no creo que lo hagamos. Son tantas las veces que pienso en ello. Me impresiona la de personas que sólo veremos una vez en la vida. Tal vez compartiremos con ellas toda una noche, o quizás tan sólo un segundo. Pero será todo lo que vivamos juntos. De alguna manera es esa la grandeza de la vida. Todos somos figurantes en la vida de alguien.
Odio levantarme con este dolor de cabeza. No recordaba lo que era tener resaca. Sobretodo odio tenerla después de una noche en la que ni siquiera he disfrutado. Me hace sentir más estúpido todavía.
“Ya puedes pasar”“Está en el segundo box”
No es la primera vez que estoy en un lugar como este. Pero me sigue impresionando. De hecho me impresionan los hospitales. Todo el dolor que esconden esas paredes. Todas esas lágrimas. Todos esos finales. En este mismo instante, y en pisos diferentes. Nacerá y morirá alguien.
“Cuál es tu nombre?”
“Miguel…”
“…”
“Miguel Gómez Vila”
“Ten, ponte este identificador…”
Que frío hace aquí. Todas esas camas rodeadas de cables. Todas tienen alguien apoyado en ellas. Deben ser familiares. Menos esa. Esa debe ser la mía. Si, es el. No quiero despertarle. Aunque tiene buen aspecto. Parece que para el la noche ha sido más provechosa.
Me impone ver lo frágiles que somos. Le he visto reír tantas veces. Aún recuerdo esos paseos hasta ninguna parte. Acabábamos comprando cualquier cosa en alguno de los puestos del puerto, y nos lo comíamos frente al agua. En uno de los espigones de la playa.
Ahora lucha en cada inspirar, para que no sea el último.
Es cierto lo que decía aquella canción. El futuro es incierto, y el final siempre está cerca.
Parece que despierta.
“No te muevas”
“Mi…Miguel?
“Si soy yo, como estás?”
Estúpida pregunta para alguien que está en una cama rodeado de cables. Después de una operación de 12 horas.
“Bien,..Sobrevivo”
Sonreí. Me olvidé del dolor de cabeza. Sólo necesitamos algo que nos vuelva a recargar. Una nueva motivación. Una vieja que renace. Un detalle. Un momento. La sensación de volver a llenarte de energía es sensacional. A veces la consumimos antes de que llegue a nosotros. Simplemente por la avaricia de querer cada vez más. Y nos olvidamos de valorar lo que acabamos de lograr. O de querer lo que en su día ya logramos, pero que hoy pudimos conservar.
Este tipo de estímulos no tienen porque ser conseguir el trabajo de tu vida, o acabar la universidad. Simplemente hacer reír a alguien que te importa. O cruzarte con algo que te recuerde lo mucho que quieres a ese chaval. Siempre me dejo llenar por este tipo de momentos.
Creo que me iré un rato a la playa. El mar es lo más cercano que conozco a la libertad.
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Ese maldito viento del metro. No creo que a nadie le pueda gustar. Es como si te tirasen agua al montarte en el autobús.
Siempre me quedo de pie, aunque haya sitios vacíos. Me gusta apoyarme en una de las puertas, y ver como entra y sale la gente. Mirar como son. Como visten. Que podrían estar pensando. O a donde van. Los ojos que se cruzan. Las conversaciones que no me interesan .La atracción entre los que no se conocen, pero desearían hacerlo.
Hay mucho sexo en el metro. A veces pienso que es como una especie de discoteca diurna. Con normas, leyes. Y donde el alcohol y la música son de uso propio.
Ancianos que desean sentarse. Jóvenes que desconocen lo que son unos auriculares. Gente con traje. Chavales con bañador y chanclas. Me gustan los que llevan guitarras. Chicos altos. Chicas guapas. Hombres con carros. Mujeres con bicis. La chica de ayer.
La chica de ayer!
Que casualidad. Y se baja en esta estación. Justo a dos de mi casa. A ella no le afecta la resaca. Tal vez porque no bebió nada. La mañana la mantiene intacta. Sigue estando guapa.
Casualidad? Que estupidez,…para nada…
Nunca he creído en eso. Casualidad, Dios, Suerte, Karma, Destino. Le veo el mismo sentido a cualquiera de esas palabras. No es más que aferrarse a la necesidad, cuando eres consciente de tus limitaciones. La necesidad de explicar lo que se escapa de tus posibilidades.
Tenía razón ella. Nos volvimos a ver. Por lo menos yo lo hice.
Hay demasiada gente en la playa. Las playas de Barcelona acostumbran a tener eso. Prefiero salir de ellas si lo que quiero es quedarme. O hacerlo de noche, que como mucho sólo hay parejas follando o gente ofreciéndote algo de droga.
Me gustaría vivir en el mar. En un pequeño barco. Prefiero un suelo que se mueve, a uno que no cambia. Mi piso es muy pequeño, lo compré hace un par de años. Vendí el anterior, y ahora mismo vivo con lo que mis padres me dejaron. Creo que estoy buscando trabajo.
Cuantas veces he estado sentado en este banco. Aún están las frases que escribí todas aquellas noches. Cuando aún pensaba que podía decir algo.
“La muerte, es para todos. La vida sólo para unos pocos”
Creo que comeré y dormiré un rato. Sino este domingo se me va a hacer largo.
Hace ya dos semanas de la operación. Realmente está mucho mejor. Poco a poco vuelve a ser el. Vuelve a escribir, Vuelve a reír, Vuelve a mentir. Vuelve a necesitar su música. Su guitarra.
Tantas veces sentado en el suelo de mi casa, escuchándole tocar. A veces tratando de seguirle. Otras simplemente dejándome llevar.
Le encanta la música. Nos encanta la música.
Recuerdo algo que siempre me decía: “Todos los días tienen alguna canción, sólo tienes que querer escucharla.”
Tiene razón. La música siempre ha sido muy importante para mí. Cuando perdí a mis padres me refugie en ella. En aprender a tocarla. En aprender a escucharla.
Ahora no hay día en mi vida, sin una canción de fondo. De alguna manera escondemos los recuerdos en detalles, para que nos sigan sorprendiendo cuando nos los encontremos.
Yo lo hago con la música. Guardo cientos entre canciones. Luego, cuando los encuentro, me llevan hasta algo, o hasta alguien.
La canción que sonaba aquella tarde en el Bar de la piscina, cuando con mis primos tratábamos de ahogar a mi tío.
Aquella otra que sonó en la primera fiesta a la que fui de niño. La primera noche en la que me dejaron llegar tarde.
La que bailaba descalzo en la oscuridad de mi habitación.
La canción que me recuerda a Marta.
O la que escuché en el último viaje en coche con mis padres.
Prefiero un mal día con una canción de fondo. Que uno sin más, que no tenga banda sonora. Porque lo mido en intensidad. Y por mucho que me doliese, se acabó quedando en mí. Y por lo tanto fue especial.
“Miguel!”
Es Lara, una antigua compañera de clase. Si ella no me hubiese saludado, me habría hecho el despistado. Ellos también lo hacen. Si se paran es porque es inevitable. O porque tienen una obligación moral. O realmente recuerdan quien eres, y quieren saludarte, que también podría ser cierto.
Se que parezco bastante estúpido. Seguramente lo sea. Pero es que realmente no los conozco de nada. Sólo es tiempo lo que he compartido con ellos. No tienen canción en ninguno de mis recuerdos.
“Hola”
“Como estás? Te he visto salir del Hospital…todo bien?”
“Si, Gracias” “Todo bien”
“Como va tu vida?”
“Bueno, de momento sigue conmigo”“Y tu? Que estás haciendo?”
“Estudio Magisterio, ahora estoy con practicas, pero ya estoy harta de los niños…”
Sonríe. Sonrío. Y poco más se alarga esto. Siguió insistiendo por lo que hacía, y le dije que estudiaba Ingeniería. No es cierto. Pero ahora entre ella y yo existe ese momento. Al menos ha sido simpática. Algunos sólo te preguntan para ver si tu vida esta mucho peor que la suya. Así recargan su autoestima y se sienten realizados. Conmigo es difícil. Les miento y acostumbran a quedarse en silencio. Mientras, yo sonrío por dentro y pienso, “Ahora gano yo, 1-0”.
Realmente sigo pensando que si me presentasen, no me aguantaría. Y mucho menos pararía a saludarme.
Ese olor. Me recuerda a algo. Huele como la ropa que llevaba mi abuelo. Si, es eso. Mi abuela siempre utilizaba el mismo suavizante para la ropa de mi abuelo. Ella lavaba la suya aparte. Decía que prefería no compartir olor con nadie. Que los olores eran únicos. Y que cada uno debía cuidar y conservar el suyo.
Ella siempre olía a Menta. Yo nunca he sabido a lo que huelo. Y creo que no podría hacerlo. De alguna manera esta hecho para eso. Para que podamos identificar todos los olores, menos el nuestro. Así, siempre tendrá que ser alguien el que nos diga a lo que olemos.
Quien no se ha girado alguna vez en el metro, o en medio de la calle, por un olor que ha reconocido de repente. Quien no ha buscado a ese alguien durante un instante. Quien no ha reconocido una tortilla de patatas a lo lejos, y ha pensado en la que le hacía su madre, o su abuela.
Me encanta encontrarme con ellos por la calle. Son como una máquina del tiempo. Me llevan hasta algún recuerdo. En un momento. Luego yo ya decido si me quedo en el. O regreso.
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Hace dos años que vivo sólo. Desde que deje el piso de mis padres. Había demasiado espacio, y demasiados recuerdos. Creo que fue lo correcto. Cerrar aquella puerta, y abrir una nueva. No guardo nada de allí. Tanto ropa, como muebles, como el resto de detalles materiales los fui regalando. Los recuerdos más cercanos los repartí entre mis tíos. Salvo tres fotos. Una de cada uno de ellos, y una de los tres juntos.
Al principio era incapaz de mirarlas sin venirme abajo. Ahora soy capaz de sonreír después. Creo que eso es la superación. No significa olvidar, sino aprender a recordar.
Continuar. Porque todo puede acabar con nosotros, pero no todo puede hacernos seguir.
Prácticamente no tengo contacto con nadie, ni con nada. Desaparecí durante un largo tiempo y ni siquiera tengo trabajo. A veces las horas me pesan como si fuesen soldados de madera cayéndome encima. Otras sin embargo pienso que no podría estar mejor. Pero son las que menos. No creo que nadie haya nacido para estar sólo. La soledad es una buena compañera si aprendes a no mirarla a los ojos. Ni a escucharla de fondo. De lo contrario te atrapará, y serás presa de su voluntad.
Desde lo de mis padres, mi carácter me ha vuelto más infranqueable. Me protejo tras tantas capas, que a veces ni yo mismo se bajo cual me encuentro. Por una parte creo que es lo correcto. Aunque debería vivir en un término medio.
Lo que es cierto, es que con todo esto, he aprendido que no todo el mundo merece tu recuerdo. Para nada. Veo la vida como una gran obra de teatro, donde cada uno tiene asumido su papel, o por lo menos cree tenerlo. Y como en toda obra hay protagonistas, los que menos, pero realmente los que le dan sentido a toda la representación. Tengo muy claro que jamás perderé el tiempo con ellos, al contrario, me ayudarán a cuidarlo.
Suena mi móvil. Es un mensaje de Jaime.
“Oye mañana fiesta en casa de un amigo. Te apuntas?”
Por una parte, siempre pienso que debería decir que si a todas estas propuestas. Como mi abuelo me enseñó. Que sólo estando allí sabre si tenía que haber ido, o no.
Pero es tarde, así que mañana me lo pienso mejor, y decido si voy.
Pese a no hacer nada, no me levanto nunca tarde. Debo tener algún tipo de despertador interno que no sabe pasar de las 10h.
No acostumbro a desayunar mucho. Una pieza de fruta y un tazón de leche con cereales de colores. Me encantan. A veces me acabo la caja comiéndomelos directamente a puñados.
Aún recuerdo los desayunos con Ernesto. Su casa es gigante. Es lo único que le quedo tras el divorcio. Tenía un grupo de música mínimamente conocido en la ciudad. Y alguna de sus empresas funcionó bastante bien.
Ahora vive de las rentas de todo eso. Pero de cocinar aún se acuerda. Y a veces no necesitaba comer, después haber desayunado con el. Lo volveremos a hacer. Seguro.
Mi tío me llamó ayer para que le ayudara con unos muebles. Esta reformando la casa, y vive sólo. Podríamos montar una comunidad. O irnos a vivir todos juntos. No, creo que mejor no.
Cuando me independicé, el me ayudó bastante con las gestiones. Por aquél entonces aún era joven para tratar de hacerlo yo mismo.
“Hola Miguel!!!”
“Ayúdame a subir esta butaca hasta arriba, mientras yo saco el resto de cosas de la furgoneta”
“Oye que tal?”
“Bien, ahora mismo debajo de tu sillón.”
Nunca me he considerado un gran entendido en diseño y moda. Pero tiene un gusto horrible.
“Te quedas a comer?”
“No, he quedado con un amigo”
Es un buen tipo. Pero habla demasiado como para aguantarlo más de hora y media.
Creo que iré a esa fiesta. Si, lo he decidido. Siempre puedo irme si no estoy cómodo.
Además, hay comida y bebida gratis, al poco que acierten con la música puede estar bien.
“Quedamos a las 23h en el metro. Me alegra que vengas”
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Nunca he sido de los que tardan mucho en arreglarse. Lo justo. Acostumbro a ir siempre con camiseta y tejanos. Como mucho dudo que chaqueta coger.
De todos modos creo que estoy bastante bien. Aunque sinceramente, no es lo que más me preocupa.
Claro que a todos nos gusta vernos y sentirnos estupendamente. Simplemente por sentido común. El problema es que bases tu felicidad en ello.
Vivimos en una sociedad que viaja demasiado rápido. Y la imagen es lo primero que se cruza ante nosotros. Por eso te hacen creer que es importante.
Supongo que yo mismo soy superficial. Pero nunca me niego a conocer a alguien. Esa es la diferencia que aún me mantiene a salvo.
Pienso que hay tantas vidas interesantes, que quedarán enterradas en imágenes sin fuerza. Por eso siempre les tiendo la mano a todas ellas. Aunque a veces no consiga ayudarlos. Luego ya decido si me quiero quedar en ellos, o me largo.
Me gustan las imágenes únicas.

Pese a estar en verano, las noches son bastante frías. Al final cogí la chaqueta tejana.
“Antes de ir a la fiesta, tenemos que pasar a buscarlas”
“A buscarlas?”
“A si Miguel, hemos quedado con aquellas tres chicas de hace un par de semanas”
No sabía esto. Pero me alegra. Significa que volveré a verla. A la chica que sólo sonreía. Definitivamente creo que acerté al venir.
La gente acostumbra a no ser puntual. Creo que las mujeres destacan en eso. Saben que ellos siempre estarán esperándolas.
“Ya era hora”
“Ha sido Alba, que se ha entretenido saludando a unos amigos”
“Hola Miguel”
Recuerdan mi nombre. Ya es un logro para quien no cruzó más de cuatro palabras en toda la noche.
“Qué? Te gusta alguna?”
“Tu, me gustas tu.”
Es realmente guapa. Hoy parece tener algo más de confianza, y habla con todos ellos. Yo me mantengo al margen, hablando con quien viene hasta mí. Quizás a lo largo de la noche me atreva a decirle que la vi en el metro.
No hay mucha gente, es algo que se agradece. No seremos más de 15 personas entre todos. El piso es bastante grande, y la música parece estar bien. Disfrutemos de la noche entonces.
“He hecho unas pizzas, así que cada uno se sirva el mismo”
Impresionan un poco las vistas desde aquí. Estamos en un décimo piso. Y no hay edificios altos alrededor. La silueta de la ciudad llega hasta el mar. Suenan The Doors. Roadhouse Blues. Adoro esa canción.
“The Doors””Te gustan?”
Esa voz. La había escuchado poco. Pero lo suficiente como para saber que detrás mío estaba la chica de la sonrisa.
“Si, y no esperaba escucharlos por aquí”
“Yo tampoco tenía muchas esperanzas en la fiesta, pero parece que no estará tan mal como pensaba”
“Y a ti? Te gustan?”
“Lo poco que conozco de ellos, si, Pero todavía no soy una gran experta””Dame un tiempo”
“Justo el día después de conocernos, te ví salir del metro, al mediodía”
“Si? Y porque no me dijiste nada?
“Te ví cuando ya bajabas”
“Vivo allí cerca. Volvía de la Biblioteca” “Estoy de exámenes, y mi ocio pasa por elegir en que biblioteca estudio cada día”
Me gusta su voz. Lo que dice. Y como lo dice. Hacía mucho tiempo que no me veía tan simpático con alguien al que apenas conocía. Bueno, con alguien en general.
“Y tu? Que haces?”
“Bueno, trabajo en una tienda de Deportes”
Sí, le mentí. Creo que ya me sale sin intentarlo. Hablamos durante toda la fiesta. Y al final ninguno de los tuvo el valor de pedirle al otro, que mantuviésemos el contacto. Sin embargo hoy no me arrepiento. Estoy convencido de que hoy mi sitio estaba aquí. Y que el suyo también.
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Llueve. Me encanta ver como lo hace. Siempre he creído, que a diferencia de los días soleados, los días de lluvia son todos diferentes.
Cada gota convierte un poco más la ciudad en desorden. La gente se adapta a la decisión de quien eligió lluvia para hoy.
Todo se convierte en vulnerable. Los rostros parecen deshacerse. Los ojos parecen inseguros.
Creo que el caos es de las pocas cosas que podrían llegar a ser justas.
Pasan las canciones, y son tantas las que me hacen pensar en aquella chica. Llevo días con esta estúpida sensación. Mi cabeza me trasporta una y otra vez hasta ese recuerdo.
Hacía tanto tiempo que no sentía esto. Parecía tenerlo olvidado.
Nervios. Me recuerdo nervioso cuando escuché como su voz se acercaba detrás mío.
Pensaba que todo eso quedaba tan lejano.
Siempre prejuzgamos por lo que conocemos, por lo que hemos visto, por lo que hemos sentido, o por lo que hemos creído entender alguna vez. Cuando lo hacemos con las personas, nos pasa exactamente igual. Hasta que aparece ese alguien que no tiene imagen, en nuestro libro de recuerdos.
Nuestra cabeza rastrea velozmente algo en lo que apoyarnos, un sitio donde colocarlo, pero no existe.
Nuestra curiosidad se activa, y con ella, nuestras ganas de querer saber un poco más.
De tener un poco más.
De alguna manera nos desactivan por completo, a eso me refiero cuando hablo de protagonistas. Gente que se sale del cuento. Especies únicas que viajan a través de una multitud de copias.
Regreso al hospital. Ernesto está muchísimo mejor. Lo subieron a planta hace unos días, y camina a paso agigantados hacía lo que siempre fue.
“Ernesto?!”
“Migueeel!!”
“Pasa, pasa!…”
“Estoy afeitándome!”
“…”
“Siento no haber venido estos días, he estado un poco liado”
“Nada, nada,…como estás?”
“Bien, bien, pero creo que no mejor que tu…”
“Estás de puta madre, no?”
“Aaah, estoy mejor que nunca, en serio…”
“No te molesta ni nada?”
“No es dolor suficiente como para no dejarme levantar…”
“Me alegro entonces…”
“Miguel, he decidido que voy a vender mi casa, y me voy a comprar un barco!”
“Jaja que dices?”
“Pues eso, van a cambiar mucho la cosas…”
“Tengo el tiempo que tengo, y quiero que sea mío en todo momento”
“Y lo que necesitas es un barco?”
“No sé si es lo que necesito, pero es lo que me apetece ahora”
“Hazlo pues…”
“He tenido pie y medio allí, he notado todo aquel frío, y he comprendido que no puedo arriesgarme a congelarme sin sentir lo que hago”
“Quizás vuelvo a formar un grupo…”
“Te apuntarías?”
“Claro!”
“Todo esto va a ser genial Miguel, todo va a ser genial…”
“…”
“Le traemos la comida Ernesto…”
“Donde está?”
“Estoy aquí, déjesela a el…”
“Como?”
“Que yo no la quiero, he pedido comida china…”
“Y el chino tiene que estar a punto de llegar…”
Le veo bien, y eso es lo que me importa. Supongo que todo lo que ha pasado, le ha hecho ver más de cerca, que la vida es un segundo, un segundo dentro, un segundo fuera.
Creo que tengo que saber algo más de esa chica. No quiero dejarlo morir aquí. Tal vez alguno de ellos me pueda ayudar.
“Ei, soy yo, que tal?”
“Que pasa tío?”
“Estaba acabando de comer, y tu?”
“Nada, iba para casa ahora…que te iba a decir…”
“Me podrías hacer un favor, es algo extraño, pero…”
“Si, claro, dime…”
“Recuerdas las chicas del otro día?”
“Las de la fiesta?”
“Si, aquellas…”
“Tu…tienes contacto con ellas?”
“Contacto?”
“Si las conoces, o tienes relación, si sabes algo, vaya…”
“Las he visto las mismas veces que tu…jaja”
“Vale…”
“Por?”
“Te interesa alguna, no? jaja”
“Bueno,…si, algo así…”
“Hombre, se que Jaime sabe de ellas, al fin y al cabo es el que las conoce…”
“Jaime…”
“Puedo investigar si quieres…”
“Alguna en especial?”
“Maria…Maria en especial”
“Si que era mona la chica, si…”
“Me dices algo?”
“Si, yo te aviso…”
“Gracias…”
“…”
“Por cierto, he quedado con Gabriel y Lucas, para tomar algo, te apuntas?”
“Vamos a la taberna del vampiro…”
“No puedo tío, tengo la tarde un poco liada, pero gracias…”
“Bueno, pues ya nos veremos entonces, te digo algo!”
“Genial, gracias!”
“Adios”
“Adios tío!”
Gabriel y Lucas. Son tal, para cual. Se retroalimentan. Son de ese tipo de personas, que se necesitan para formar una sola. El que controla, y el controlado.
No sé si esto funcionará. Pero al menos ya es algo más de lo que tenía.
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Sigue lloviendo ahí fuera. Son tantas las noches que paso sentado en el suelo del comedor, trato de entender a mi guitarra, pero me cuesto mucho convertir lo que dice en palabras. Todo está oscuro, la única luz que llega es la de las velas que siempre enciendo. Me encanta su luz, y la sensación que trasmiten, es una imagen realmente preciosa. Algo tan simple como unas velas pueden convertir un momento en único.
Por eso la vida está hecha de cosas simples. Y no hay más simpleza que la vida. Vivir, o no hacerlo.
Esta claro que hoy mi guitarra y yo no llegaremos a un acuerdo. Enciendo la mini cadena y espero que lo que suene, sea lo que necesito escuchar.
Bob Dylan…
No, hoy no me apetece.
Placebo…
Si, porque no…
Una última luz aparece en escena. Es mi móvil. Por la duración tiene que ser un mensaje.
“Vive en Horta y estudia en la Universidad Central de Barcelona (UB). De nada”
Ahora lo que ilumina todo el comedor, es mi estúpida sonrisa. Necesitaba algo así en un día de lluvia.
Mañana me acercaré, no pienso perder ni un segundo. Ya he perdido suficientes.
A veces el despertar es más duro que el no dormir. Esa sensación extraña de que durante la noche todo se ha desordenado. Las pocas ideas que mantenía guardadas en cajones medio rotos, ahora están tiradas por el suelo y pisoteadas.
El recuerdo de mis padres asoma entre uno de ellos, y es inevitable no mirar al pasar por delante.
Es mediodía, cerca de la 13h. Parece no haber salido nadie. No se a que hora terminan las clases en la Universidad, no llegué a tanto nunca.
Se me hace raro estar aquí, pero no hay otro sitio en el que deba estar, que no sea este.
Tal vez hoy no ha venido. Quien sabe.
Empieza a salir gente, creo que es lo más cerca que he estado nunca de sentirme alumno. Lo único que aprendí en todo ese tiempo, fue que el aprender no termina en un pupitre. Ni siquiera creo que empiece.
La busco entre todas esas figuras que no me importan lo más mínimo. La esperanza sigue conmigo. Me mira y sonríe. “Confía en mi” parece decir.
La veo. La he visto todo este tiempo.
Me acerco lentamente. Está sola. Parece ordenar unos papeles en su carpeta. Es realmente preciosa.
Una de sus hojas cae al suelo. No parece haberse dado cuenta. Creo que es mi oportunidad.
Camino detrás suyo, con el papel en mis manos, me pongo prácticamente a su altura, ella todavía desconoce que estoy ahí, es entonces cuando comienzo a leer.
“!Paremos Bolonia!”“No a la represión!” Desde hace meses hemos sido atacados por esta estúpida idea…”
“…”
“Eh tu!”
“Jaja Se me ha caído?”
“Que haces por aquí?”
“Nada, he venido a buscar a alguien, pero no estaba…”
“Así que si no te molesto…”
“Ah no no, vuelvo para casa ya…”
“Volvemos juntos entonces…”
“Es una hoja que nos pasaron hace tiempo, la guardo por aquí, pero ni me la he leído, soy un poco desastre…”
“Desastre?”
“He visto como ordenabas la carpeta, e incluso como tienes una pequeña etiqueta coloreada en cada espacio…”
“Desastrosa es mi casa, pero tu no…”
“Jajaja…no trabajas hoy?”
“Digamos que no trabajaré en un tiempo…”
“Y eso?”
“Por robar pelotas de tennis…”
“En serio?”
“Que va, eran de Ping- Pong…”
“Jajaja te han despedido?”
“Se acabó mi contrato y decidieron dejar que acabase tranquilamente…”
“Vaya, lo siento…”
“No, no lo sientes,…ni yo tampoco”
“Jaja…y que harás ahora?”
“Ahora? Ahora acompañarte a casa…y después? Después ya lo pensaré tranquilamente…”
“…”
“Mira, escucha…”
“Eh, son The Doors!”
“Si!”
“Te dije que todavía no era una experta, pero que con el tiempo…”
“Peace Frog…me encanta esta canción…”
“Si! Me la he puesto como tono en el móvil y todo… jaja”
“Te pasaré unas cuantas…”
“Si? Y como lo harás…”
“Tu déjame a mi, yo me ocupo…”
“Vale, me parece bien…”
“…”
“”Pues yo vivo aquí…”
“Gracias por acompañarme”
“No me agradezcas nada, en todo caso debería ser yo el que le agradeciese a mi colega el no haber venido…”
“Además, no vivo muy lejos…”
“Pues piensa tranquilamente lo que haces ahora…”
“Tengo todo el camino para hacerlo, seguro que algo se me ocurre…”
“Que vaya bien Miguel…Ah, y me debes algo…”
“Nos vemos pronto entonces…”
Tengo todo el camino para pensar. O para no hacerlo. Improvisaré como he hecho siempre.
Esta sensación es realmente genial. Por un momento me siento por encima de todo y de todos. Como algo tan sencillo, nos puede convertir en gigantes. Un gesto, unas palabras, una mirada, un detalle al fin y al cabo…
No importa como llegue, lo único que importa, es que al hacerlo, es capaz de recogernos de lo más profundo de nuestro infierno, y hacernos subir tan alto, que podemos detenerlo todo y besar el cielo.
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Sigo metido en toda esa sensación. Decido volver andando, hoy no me importa hacerlo. Queda un largo camino hasta casa, pero no pienso en ello. Suena mi móvil, es un número extraño. Demasiado largo para que lo reconozca.
“Si?”
“Miguel?”
“Hola soy Carmen, te acuerdas de mi?”
“Ahora mismo, no…”
“Soy la asistenta social de la residencia Salud y Esperanza…”
“Ah, ya…dime”
“Bueno,…era para decirte que… tu abuelo ha muerto hace escasos 20 minutos…”
“Qué?”
“…”
“…”
“Miguel?”
“Como ha sido?”
“Bueno, ha sufrido un infarto, hemos intentado hacer todo lo posible, pero ya era tarde”
“Lo siento Miguel. Y te quiero dar el pésame de parte de todo el centro”
“Tu abuelo era muy querido aquí…”
“Gracias…”
“…”
“Si te puedes pasar esta tarde…”
“Si, después…me paso por allí…”
“Ánimo”
“Adiós Miguel”
“Adiós”
Ahora me siento como si alguien me hubiese cogido de las piernas cuando trataba de besar el cielo, y me hubiese estirado hasta el sitio del que nunca debí salir. Mi pequeño mundo se derrumba una vez más, y yo me veo solo, en medio de toda esa ruina, sin saber lo que decir, sin apenas poder moverme. El polvo se encarga de marcarme y ni siquiera puedo recordar cuando empezaron a caer lágrimas de mis ojos.
La crueldad de los recuerdos golpea mi mente, todos esos momentos convertidos en intensidad. Le veo, le veo a el cuando jugaba conmigo en el parque. Cuando me cogía y me ponía sobre sus hombros después de ir a buscarle. Aprendí tanto. Siempre me ocurre lo mismo. En estos momentos, solo puedo ver el mundo en blanco y negro. Para mi el color se pierde, cuando el sentido desaparece. Y no había sentido para perderle.
Supongo que nos ocurre a todos, jamás llegaremos a comprender, porque nos arrebatan lo que más queremos una y otra vez. Parece que alguien este dispuesto siempre, ha llevarse todo lo que nos hace diferentes. Ha convertir esto en un mundo lleno de oscuridad y disfraces.
Ya nada me une a mis apellidos. Son sólo un puñado de letras ordenadas con sentido .Si pudiese regalar cada una de las letras de mi nombre, para recuperar todo lo que he perdido. Lo haría para que volviese. Ahora no me importaría cruzar al otro lado, y quedarme en todo ese frío.
Llego a casa, apenas soy capaz de meter la llave en la cerradura. Una vecina me habla de una reunión, ni siquiera le miro a los ojos, subo las escaleras como si conmigo no fuese.
Está todo igual que lo dejé ayer por la noche, no recogí nada. La guitarra sigue en su sitio y las velas están tiradas por toda la casa.
Necesito estirarme, y poner la música todo lo alta que pueda.
Me da igual lo que suene, pero quiero que suene fuerte.
Será la última vez que pise este centro. Los recuerdos me golpean en cada rincón. Me miro en el espejo del ascensor, pero hoy soy incapaz de verme.
“A que piso vas?”
“Al…segundo”
El pasillo hasta la habitación es hoy más largo que nunca. Me parece estar recorriendo kilómetros.
“Hola Miguel…”
“Como estás?”
“No estoy…”
“Te entiendo…”
“Lo siento mucho, en serio…”
“Nunca lo sentirás tanto como yo…”
“Pero Gracias…”
“…”
“Vamos abajo, no está aquí…”
“…”
No se donde meterme. Me veo corriendo por mi cabeza, tratando de encontrar un pequeño rincón, donde las ideas no me encuentren.
“Quieres entrar a verlo?”
“No, mejor no…”
“El último recuerdo que tengo de el, es unido a una sonrisa…”
“Prefiero mantenerlo…”
“Me parece perfecto…”
“Te explicaré como ira todo, estos días…”
No sé de lo que me está hablando. Es como si su voz no llegase a mis oídos. Se pierde, desaparece. Y yo sólo se que esto no debería tener sentido.
Me odio, me odio ahora mismo. Hace semanas que no venía a verle. Me olvidé por completo. El cuido de mí, cuando yo era tan solo un niño. Y ahora necesitaba a alguien cerca. He estado visitándole todo el tiempo, desde que ingresó, pero últimamente deje de hacerlo.
No había motivo, pero lo hice.
Supongo que eso lo hace más difícil todavía.
Ha pasado todo un día ya, y ni siquiera comprendo lo que he vivido. Supongo que hasta que no necesitamos lo que hemos perdido, no somos conscientes de que ya no lo tenemos.
No tengo hambre, ni siquiera sueño.
Regreso al banco que me vio perderme tantas veces.
Aquí me estiré mil veces, soñando que conquistaría el mundo.
Y hoy esta todo por los suelos. Los recuerdos agonizan, mi sonrisa vive desparecida. Hoy el mundo no gira, porque no me apetece.
Me siento y mantengo la mirada fija. Parece buscar un sitio donde descansar. Pero es incapaz de estarse quieta.
Pocas son las personas que se cruzan a estas horas. Tampoco las necesito. Ya tengo a mis estúpidas lágrimas haciéndome compañía.
Leo todas esas frases que hoy no tienen sentido. Desde que descubrí este sitio, he ido dejando pensamientos escritos.
Hoy no entiendo ninguno de ellos.
Será mejor que deje uno nuevo.
“Algún día nos encontraremos en alguna canción”
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Han pasado prácticamente dos semanas desde que sucedió todo. Estirado en la cama, escucho como las canciones pasan. No logro reconocer muchas de ellas, ni siquiera soy capaz de saber cuando acaban.
La sensación de haberlo perdido todo, una vez más, lleva días viviendo conmigo. Soy incapaz de entender nada.
Trato de construir un puzzle con las piezas que veo tiradas por el suelo. Llevo todo este tiempo intentando hacerlo. Pero no consigo encajar ninguna.
Hasta que veo la que necesito. La reconozco. Siempre cambia de forma, pero nunca de sentido.
No es más que el motivo. Es entonces cuando el momento me golpea. Mi cara recupera el movimiento, y mis ojos recuerdan que están abiertos.
Me pongo en pie, algo que no he conseguido hacer en todo este tiempo. Camino por el pasillo, y comienzo a ser consciente de todo lo que ha ocurrido, subo el volumen de la música, empiezo a recordar que sigo vivo, y que todavía me sigo.
Las imágenes ahora no me hacen desfallecer. Tarareo la canción y me enfrento al espejo. Esta vez soy capaz de verme en el.
Ya va siendo hora, que le de una nueva oportunidad al viento.
El agua de la ducha cae por todo mi cuerpo, pero esta vez lo siento. Reconozco este trozo de la canción. Lo he cantado mil veces antes. Lo gritó de nuevo, y sonrío al hacerlo.
No importa el motivo, importa no perderlo.
Las motivaciones cambiarán, pero nunca deben desaparecer.
Es lo que siempre he aprendido.
Me vuelvo a sentir bien. Me vuelvo a encontrar en los reflejos de los coches por los que paso, me veo en los cristales de las tiendas, en los ojos de los que me miran. El color vuelve conmigo. Me gusta ver la vida, detrás de esta luz.
Ni siquiera hoy me molesta el viento del metro. Camino entre la gente. Adoro esa sensación. Me muevo al ritmo de la música. Esquivando a todo el que se me cruza por delante.
Quiero más. Quiero más gente caminando en la otra dirección. Los quiero a todos frente a mí.
Me siento como un único guerrero, enfrentándose a todo un ejército.
Sonrío en medio de todos ellos.
Me he recuperado a mi mismo. Sólo necesitaba prenderme fuego, para volver a brillar.
“Puedo pasar?”
“Claro Miguel, pasa, pasa…”
“Estás recogiendo?
“Si, me marcho a casa…”
“A casa?”
“Si, ya estoy harto de estar aquí…”
“Regreso…”
“No es un poco pronto?”
“Pronto? Jaja”
“Al contrario, se me ha hecho muy tarde aquí dentro…”
“…”
“Por cierto, siento lo de tu abuelo…”
“Como lo sabes?”
“Ah miguel,…ya sabes que las malas noticias vuelan…”
“…”
“Vente esta noche a tomar algo…”
“A tomar algo?”
“Si, salgamos y olvidémonos de todo…”
“Hace tiempo que la noche nos espera…”
“No quiero hacerle otro feo…”
“Jaja sigues siendo un loco”
“Un loco?
“Yo soy el rey de los locos…”
Le dejo acabando de recoger. Todavía tiene un rato hasta que definitivamente le dejen salir.
“Perdona!”
“Puedo hablar un momento contigo?”
“Si, claro”
“Mira soy el doctor de Ernesto”
“Y bueno, como supongo que has podido ver, esta dispuesto a marcharse de aquí”
“Si, eso me ha dicho”
“Ya voy conociendo un poco como es, y veo que es difícil hacerle entrar en razón, pero…”
“Es que es muy precipitado, ha pasado por una operación delicada, y no es conveniente que deje ya el hospital”
“Debería estar al menos un par de semanas más con nosotros…”
“No sé si tu podrías hacerle entrar en razón…”
“No lo creo sinceramente, no he conseguido hacerlo nunca…”
“Aunque le vea como lo ve, se cuidará, esté seguro…”
“Y yo me ocuparé de todo lo que pueda…”
“Bueno, al menos espero que todo vaya bien, y tengan cuidado…”
“Gracias”
“Adiós”
Convencerle. Sería más fácil convencer a una piedra para que se convierta en flor.
“Miguel?”
“Eh miguel que haces aquí?
“Jaime…”
“He venido a ver a un amigo…”
“Y tu?”
“Mi hermano, que le operaban de la rodilla…”
“Como estás?”
“Hace casi como un mes que no se nada de ti…”
“Estaba preocupado, no sabía si te había pasado algo…”
“Estoy bien, sobrevivo…”
“Me alegro…”
“…”
“Oye esta noche vamos a ir a ver el fútbol, te vienes?”
“No, mejor no, estoy un poco cansado, mejor otro día”
Preocupado. Si realmente te preocupa alguien, te interesas en saber si está bien. Jaime es un tipo tan curioso. Es capaz de decirle a todo el mundo, lo que cree que le gustaría escuchar. Y tiene la virtud de no sentir nada detrás. A veces pienso que es una máquina preparada para fingir. Se conoce perfectamente, es apariencia, es imagen, y eso le sirve para hacer y deshacer lo que quiera.
Es como una gran valla publicitaria. Sólo sirve para llamar la atención, pero detrás no hay absolutamente nada.
Un autentico triunfador en los tiempos que corren.
No le culpo.
Hoy nuestra imagen vale más que nuestras mil mejores palabras.
Creo que va siendo hora que cumpla mi palabra. Le debo algo a esa chica.
Recuerdo donde vive. Y recuerdo su nombre. Lo vi en la carpeta de la universidad.
He preparado una lista con nueve canciones. Junto a sus nombres, la duración de cada una de ellas.
En realidad si sigues el minuto de cada una de ellas, forman el número de mi móvil.
Debajo del todo una frase
“Si quieres más, házmelo saber”
Estoy frente a su portería. Recuerdo la última vez que lo hice. Tenía ganas de volver.
Elijo un timbre cualquiera.
“Si?”
“Correo comercial”
Tengo experiencia en entrar en porterías. Durante un tiempo lo hice bastante a menudo.
Busco en los buzones. Hasta que encuentro el piso en el que sus apellidos corresponden.
Me gusta cocinar. Desde pequeño. Me entretenía en la cocina, mientras mis padres trataban de enseñarme a hacerlo. Me sentaban en la encimera y veía lo que hacían. Con el tiempo fui intentándolo. Ahora si puedo, siempre trato de improvisar algo.
Suena mi móvil. No reconozco el número.
“Miguel?”
“No me lo puedo creer…”
“Lo sabía!”
“Como has podio saberlo tan rápido…”
“Tenía una esperanza, pero no confiaba mucho en ella…”
“Estaba convencida!”
“Como lo has hecho?”
“Pensé, para que alguien pone la duración de las canciones?”
“Es una estupidez…”
“Así que imagine que tenía algún sentido…”
“Le estuve dando vueltas mientras comía, al principio sume todos los números, pero no era lo que buscaba…”
“Después, mientras hablaba por teléfono, pensé…tal vez es eso…”
“Un número de teléfono…”
“Así que decidí probar…”
“Y me saliste tu al otro lado…”
“Jajaja”
“Te dije que te pasaría algunas canciones…”
“Y yo te dije que me debías algo…”
“Lo que pasa es que ahora esto tiene premio…”
“Premio?”
“Si, verás…”
“Tu eres de esas personas que desayuna, come y cena, no?”
“Claro, a veces incluso meriendo…”
“Y desayunas todos los días?”
“Siempre, el desayuno es la comida más importante del día…”
“Y desayunas mañana?”
“Tengo pensado hacerlo…”
“Y desayunas conmigo?”
“Es el premio?”
“Eso depende de como te lo tomes tu”
“Me pasas a buscar a las 10h?”
“Tienes casco?”
“Casco? no…”
“Yo llevare el tuyo entonces…”
“Me vas a llevar en moto?”
“Claro, para que quieres un casco entonces?”
“Jajaja”
“Me habías engañado con lo de los números, no eres tan inteligente como pensaba…”
“No? me vas a invitar a desayunar mañana, imagínate si soy inteligente…”
“Jajaja”
“Pues hasta mañana entonces…”
“Hasta mañana miguel!”
“Que vaya bien lo que queda de día…”
“A ti también!”
“Adiós”
“Adiós Miguel”
Una cita. Mi primera en…
No sé, perdí la cuenta.
De nuevo esa estúpida sensación, de no poder quitarme la sonrisa de encima.
Aunque realmente esta vez no me interesa hacerlo.
Suena el teléfono otra vez. Es mi tío.
“Dime”
“Miguel”
“Hola, soy yo, como estás?”
“Bien, bien,…muy bien…”
“Te llamaba,… porque hace un momento me ha llamado Lara…”
“Lara?”
“Te acuerdas de ella?”
“Si,…”
“Parce ser que vuelve a Barcelona, ha estado tratando de localizarte, pero no lo ha hecho hasta que ha dado conmigo…”
“Bueno,…cambié de móvil, el teléfono de casa es diferente…hace años que no sé nada de ella…”
“Me ha dicho que te de su móvil, y que la llames…”
“Vale, vale, dámelo, la llamaré…”
Lara. Recuerdo quien es. Lo recuerdo muy bien. Cuando mis padres aún vivían. Y yo apenas tenía 7 años. Vivíamos en un pequeño piso en Gracia. Recuerdo que una mañana coincidimos con una familia que llegaba nueva al bloque. Justo al piso de enfrente.
Tenían una niña pequeña.
Mis padres se hicieron amigos de los suyos. Y nosotros también. Unos días jugábamos en su piso, otros en el mío. Crecimos a la vez. Y dejamos de ser vecinos, para convertirnos en prácticamente hermanos.
Era año y medio más pequeña que yo, lo recuerdo.
Así que me encargaba de cuidarla, y de defenderla.
Poco antes de que sucediese lo de mis padres, se marchó a Berlín. Lo recuerdo perfectamente. Nos despedimos de ella en el aeropuerto.
Al principio mantuvimos el contacto. Después todo me hizo desaparecer.
He tratado mil veces de encontrarla, pero jamás conseguí hacerlo.
Está claro que encontré mi sonrisa, y parce que hoy vino para quedarse.
Al final decidí quedarme en casa. Estaba cansado y hacía días que no dormía bien. Quizás hoy tampoco lograría hacerlo. Estaba inquieto pensando en mañana. A veces me ocurre, soy incapaz de encontrar el botón que desconecta mi cabeza, y acabo utilizando la noche para darle vueltas a todo. Nunca logro conseguir nada. Normalmente cuando le das tantas vueltas a las cosas, acabas en el mismo sitio y mareado. Aunque esta vez era diferente. La ilusión era el motivo.
Creo que giré la almohada más de 20 veces antes de dormirme.
Eran las 3 de la mañana cuando sonó el teléfono. No es una buena hora para recibir llamadas. Acostumbras a descolgar el teléfono, sabiendo que detrás habrá algo más que palabras.
“Si?”
“Miguel?”
“Eres tu Miguel?”
“Si, si, soy yo…”
“Conoces a Ernesto?”
“Si, claro…”
“Mira es que está aquí en nuestro Pub…ha debido beber más de la cuenta, o quizás no se encontraba bien, pero deberías pasar a buscarlo…”
“Donde se encuentra exactamente?”
“Está en el Nine,…en Sants”
“Vale, voy para allí…”
Esperas cualquier cosa cuando descuelgas el teléfono. Pero ciertamente nunca imaginas algo en concreto. Se como es Ernesto, y la manera que tiene de ver la vida. Tal vez ahora, algo más suicida.
Estaba claro que hoy la noche no estaba preparada, para que yo durmiese en ella.
“Donde está?”
“Mira, está allí estirado…”
“…”
“Miguel…”
“Que hace así…”
“Nada, me habrá sentado mal el último trago…”
“Si, habrá sido el hielo…”
“Nos dijo que te llamáramos, que no avisásemos a la ambulancia…”
“No te preocupes, ya me lo llevo yo…”
“…”
“Te ayudo?”
“No, ya me ocupo yo…gracias”
“Vamos, apóyate en mis espalda…”
Afortunadamente eligió un bar cercano a su casa. No tardamos más de media hora en llegar. Lo cogí en brazos y lo dejé en la cama. No pesa mucho. Nunca ha sido gran cosa físicamente. Sonreía y se reía, parecía estar fuera de todo aquello. El alcohol es lo que tiene. Te aleja más de ti, de lo que realmente crees. No por lo que puedas pensar, sino por como lo puedes hacer.
“Espera, te ayudo…”
“Estoy bien, en serio…jaja”
“Schh…”
“Que te pasa?”Estás bien?”
“Me duelen un poco los puntos…”
“Sigues pensando que eres el Rey de los locos?…”
“Claro, no me ves…”
“Schh…uff”
“No te muevas, ya te ayudo yo…”
“…”
“Descansa, yo me quedaré aquí contigo…”
“No hace falta, estoy bien…”
“Ya, pero yo soy el príncipe de los locos, tengo que saber si me pertenece el trono…”
“Dormiré entonces, si no te molesta…”
Me quedé despierto lo que quedaba de noche. Sentado en el sofá, le daba vueltas a algo que no lograba concretar. Cada cierto tiempo, me levantaba e iba hasta la puerta, me apoyaba en ella y trataba de escucharle respirar. Dormía. No había duda alguna.
El Sol decidió despertar. Me encanta como huele el café. Se que es un aroma del que no me cansaría jamás. Me recuerda a mis padres.
Lo tomaban a todas horas. A veces me acercaba a la cocina sólo para abrir el tarro donde lo guardaban y olerlo.
Desayuno sólo. Aunque hoy no debía hacerlo.
Es prácticamente mediodía, cuando decide despertarse. No he querido molestarle antes.
“Mmm….que bien he dormido”
“Todavía sigues aquí?”
“Como estás?”
“Ya te dije, que no era nada, debió ser la última copa, en serio…”
“Te he dejado algo de comer en la nevera…”
“Me marcho, tengo cosas que hacer…”
“No te quedas a comer?”
“No puedo, tengo que comer con alguien que no lo sabe todavía…”
“Genial, disfruta entonces…”
Salgo de allí todo lo rápido que puedo. No pierdo ni un minuto. El metro me deja en casa. Subo rápidamente a ducharme y a cambiarme de ropa. Quedan 5 minutos para la 13h.
Cojo la moto, y un casco para ella. El tiempo parece meterme prisa en al esquina. No me he atrevido a llamarla, y tampoco he recibido ningún aviso por su parte.
Voy todo lo rápido que puedo. Es la misma sensación que en el metro. Adelanto a todo el que se me pone por delante. Apuro el ámbar de los semáforos.
Espero que todavía siga en casa.
“Si?”
“Hola, está María?”
“María? No, está en al biblioteca, se quedaba allí a comer…
“Sabes en que biblioteca está?”
“Me ha dicho que se iba a la biblioteca central…si diría que era la central…”
“Muchas Gracias…”
De nuevo el tiempo vuelve a gritarme al oído. Parce reírse de mi. Hoy todo parece hacerlo. No me preocupa. No tengo tiempo para lamentarme. Me está esperando, y debe saber que lo esta haciendo.
Dejo la moto frente a la puerta y me adentro en el recinto casco en mano. Es entonces cuando la veo venir de cara. Sale con un grupo de compañeros. Parecen hablar tranquilamente. Me acerco hasta que ella me ve.
“Que haces aquí?”
“Toma, te lo explicaré por el camino…”
Durante un instante me mira a mí, y mira el casco. Hasta que decide cogerlo y venirse conmigo. Sonrío, me sonríe y decidimos salir de allí.
“Donde me llevas?”
“También tenías pensado comer hoy, no?”
“Si, entraba dentro de mis planes…”
Hacía tanto tiempo que no llevaba a nadie. Disfruto de esa sensación. Notar como sus brazos me aprietan. En cada arrancar, en cada detener. Noto su cuerpo contra el mío. Miro por el retrovisor, y puedo ver como sonríe al hacerlo. Es entonces cuando dirijo mi mirada al frente, y sonrío también.
Llegamos a la playa. Tengo pensado llevarla a un pequeño sitio, donde a veces cenaba. Sirven una especie de pizza en forma de crepe llamada piadina. Es un sitio muy pequeño, pero con mucho encanto. Como ella.
Cogemos un par y decidimos ir por el paseo que hay junto a la playa.
“Esta buenísimo Miguel…”
“Te gusta?”
“Las he cenado mil veces, pero jamás las había comido…”
“Volveré!”
“Volveremos, si quieres…”
“Y tanto que quiero…”
“…”
“Oye, porque nos has venido esta mañana?”
“Pensé que tal vez te habías olvidado de mi…”
“No lo sé, que quizás ni te habías acordado…”
“Por eso ni siquiera te llame, no quería parecer desesperada…”
“Olvidarme de ti es algo que no entra en mis planes…”
“Simplemente, he tenido una noche un poco complicada…”
“Una noche que ha acabado a eso de las 12h de esta mañana…
“Algo grave?”
“No…”
“Pero no pude hacer otra cosa…”
“No quería llamarte, porque no quería renunciar a verte…”
Hablamos. Hablamos de todo. De ambos. Y no me escondí al hacerlo, como tantas otras veces he hecho. Incluso con ella.
Me sentía bien. Me sentí bien en todo momento. No tenía miedo. Es diferente a todo lo que he conocido. No necesito protegerme. No hay maldad en su mirada. Solo inocencia. Me encantan sus ojos. Son enormes. Parecen hacerse todavía más grandes cuando los miras fijamente. Como voy a compararla con alguien si sólo tiene un hoyuelo.
Seguimos el camino, y nos acaba llevando hasta mi banco. El que tantas veces me vio perderme. Y el que tantas noches acabó encontrándome. El último recuerdo que tengo, no es nada agradable. Pero ahora será diferente. Colocaré su imagen encima, y volveré a darle sentido a esa madera fría.
“Vaya, está lleno de frases, y de palabras…”
“Cuanto hace que vienes aquí?”
“Años…”
“Es tu pequeño refugio…”
“Se podría decir que así lo veo, si…”
“Es como una parcela fuera del mundo, como si el banco estuviese suspendido, y cuando te sientas automáticamente te desconectas de la vida…”
“Y te funciona siempre?…”
“No, a veces tiene fisuras…”
Regresamos a casa. Empiezo a ver natural el recorrer el camino hasta su portería. Espero que siga siendo cercano.
“Me lo he pasado genial Miguel…”
“Me ha encantado que no renunciases a verme…”
“Y que no te escondieses, y me enseñases tal y como eres…”
“En serio, he disfrutado muchísimo…”
“Yo también…”
“Además, me gusta que te aprietes tan fuerte…”
“Jaja oye…”
“No, de verdad, me hace sentir…protegido…”
“Jajaja…”
“Volveremos a vernos?”
“Tu mismo, me debes un desayuno…”
No paran de pitarme en cada semáforo. Me quedo embobado cada vez que miro al retrovisor, y me acuerdo de su sonrisa.
Hay algo en el buzón, parece una nota escrita con rotulador.
“Gracias Chico, te debo una…”
Dejo todo sobre la mesa. En el mueble hay un pequeño trozo de papel con un número de papel apuntado. Es el número de Lara. Lo apunté ahí, y todavía no he llamado. Creo que este es buen momento.
“Si?”
Lara?”
“Migueeeeeeel!!”
“Que ganas tenía de que me llamases!!”
“Ayer hablé con tu tío, y le dije que te pusieses en contacto conmigo, tenía tantas ganas de que sonase el teléfono….”
“Como estás? Cuanto tiempo…te estuve buscando durante un par de meses, pero resulto imposible…”
“Te llamé al móvil, te llame a casa, te envié miles de mails…”
“Hace unos días decidí que regresaba a Barcelona, que mi etapa aquí se había acabado…y decidí volver a intentarlo…”
“Como diste con mi tío?”
“Tengo un pequeño baúl donde guardaba mil cosas que me lleve de allí, todo recuerdos…y entre ellos había una foto en la que salía un hombre, al principio no recordaba quien era…hasta que caí en que era tu tío, y recordé que era una vez que nos reunimos para hacer una especie de barbacoa, te acuerdas?”
“Si…”
“Así que me puse a indagar, llame a mi madre y me recordó el nombre, me puse a buscarlo en seguida, y una vez di con el, di contigo también…”
“Cuando vienes?”
“En un par de semanas estaré por allí…tengo aún que recoger cosas, y solucionar algunos detalles…”
“Y todo bien por allí?”
“Si, no lo sé, ha sido una experiencia única, pero llego el momento de volver…”
“Y en serio, tengo tantísimas ganas de verte, y que me cuentes cosas…”
“Te eché mucho de menos aquí…”
“Yo también, se me hizo duro al principio, te hubiese necesitado cerca…”
“Me enteré de lo que sucedió varios meses después…”
“Mi madre me lo comentó, pensé en volver entonces, pero no podía dejar esto, las cosas no iban muy bien, ya te contaré…”
“Siento no haber estado a tu lado en eso momentos…”
“No importa, los superé solo…”
“En cuanto este por allí, o incluso cuando vaya a salir, te digo algo…”
“Dime algo cuando llegues, y nos vemos…”
“Un beso Miguel…”
“Un beso…”
Se me hizo extraño hablar con ella de nuevo. Es cierto que durante mucho tiempo, fue parte de mi vida. Era como mi hermana pequeña. Pero la vida ha puesto mucha distancia de por medio. Es difícil recuperar todo aquello. Aunque realmente, existen personas, con las que no importa el tiempo, ni la distancia. Son como aquellas canciones que jamás te cansas de escuchar. No importa que aparezca una vez al día en tu reproductor. O que hiciese tres meses de la última vez que la escuchaste. Que siempre que vuelves hacerlo, te hace sentir algo. Algo diferente.
Esta vez no me ocurrió con ella. Quien sabe. Quizás la canción se convirtió en ruido.
Me siento en el suelo, apoyado en la pared. Sonrío. No puedo dejar de pensar en esa chica. Me lo he pasado tan bien con ella hoy. He sentido como hacía tiempo que no lo hacía. Creo que acabo de encontrar a la persona, que durante tantos años he estado buscando.
Una vez al mes trato de quedar con mis padres. Desgraciadamente no puedo darles un abrazo al llegar, ni siquiera al despedirme. Pero trato de coger alguno de nuestros recuerdos, y revivirlo un instante.
Desde el momento en que logré vencer al dolor, o convencerle al menos, llevo cada uno de esos recuerdos sobre mi espalda.
Vienen conmigo allá donde voy, y se que llegarán allá donde llegue.
Hoy decidí llevarlos a comer una paella cerca del mar. Concretamente a Cabrera, un pequeño pueblo costero, no muy lejos de Barcelona.
Allí solíamos veranear, y así lo hicimos durante años. Acostumbrábamos a comer algunos domingos, en un pequeño restaurante que quedaba en el paseo. Me acerqué hasta allí y decidí invitarles de nuevo. Siempre nos colocábamos en la última mesa que queda a la derecha del todo, en la terraza del local.
Sonrío al pensar en las veces que lo hicimos, y sobretodo al pensar, que hoy sería una más.
Se acerca el camarero y me pregunta lo que tomaré, se quien es, pero el no me reconoce. Todavía era un niño, cuando el empezaba a servir mesas.
Recuerdo como mi padre se comía el pan. Rompía el panecillo en dos, y se iba comiendo la miga, dejando la corteza encima de la mesa. A veces era capaz de juntar dos o tres cadáveres mutilados de la misma forma. Mi madre le abroncaba, porque decía que yo había aprendido a hacer lo mismo.
La corteza que hay hoy en mi mesa, está de acuerdo con ella.
Hace un día esplendido, para estar a mediados de Octubre. Parece que el frío y el Sol han llegado a una tregua.
Me descalzo y me adentro en la arena. Lo solíamos hacer al acabar de comer. Nuestros descalzos pies caminaban dejando por un segundo nuestro rastro, en el frío paseo que nos regalaba el agua.
Después, se encargaba de borrar nuestras huellas.
Me siento frente a la inmensidad de esa gran vida que representa el mar. Son tantas las veces que lo he hecho. Me hipnotiza el contoneo de las olas. El pensar en toda esa libertad. En imaginarme bajo el, durante un sólo segundo. Adoro esa sensación, estar bajo todo ese manto.
Es una manera de desaparecer. La realidad queda arriba. Todo se esfuma un instante. Parece la fantasía de un mundo imaginado.
Regreso a casa, es hora de volver. Hace días que rechazo las propuestas de Jaime, y de los otros para vernos. No me interesa hacerlo. He comprendido que no tengo nada en común con ellos. Es algo que sabía, pero que a veces no quería ver.
No eran muchas las veces que nos veíamos, pero las suficientes como para preguntarme porque lo hacía.
No pasa nada. No todo el mundo debe tener papel en tu historia. Pero es algo difícil de comprender. A veces la soledad, te hace caer una y otra vez.
Creo que he sido capaz de entender. Que debo rodearme solo de quien me hace sentir bien. No de quien me obliga a fingir estar bien. Así que basta de mentiras, que al final solo acabo creyendo yo.
De quien no he huido es de Jorge.
Quizás hace un tiempo que me alejé de el. No por decisión, sino porque la situación lo acaparó todo. Y pese a que nos veíamos, cuando nos veíamos todos, habíamos perdido nuestra pequeña habitación en común.
Siempre me ducho con agua caliente. No importa la época del año. Acostumbro a hacerlo. Son pocas las veces o los momentos, en los que el agua que me cae encima, está mas frío que mi cuerpo.
Quedamos en la parada de metro. Así lo hacemos siempre. Allí empezamos montones de veces. Es justo que volvamos a escribir un comienzo, en ese mismo sitio.
“Ei que tal?”
“Bien, y tu?”
“Muy bien…”
“Donde te apetece ir a cenar?”
“No lo sé, improvisamos?”
“Improvisemos…”
“…”
“No te has visto con estos, no?”
“No, no me interesa hacerlo…”
“Me preguntaron lo que sabía de ti…”
“De mi?”
“Que hacías,…porque no aparecías…ya sabes…”
“Y que les dijiste?”
“Nada, que no sabía nada…”
“Sabes más que todos ellos…”
“Ya, jajaja”
“…”
“Los has visto entonces?”
“Si, bueno, quedamos un par de días…”
“Todo bien?…”
“Bueno, sin más…”
“Tampoco tenemos un relación muy especial…”
“Es difícil tenerla con ellos…”
“…”
“Siento haber estado tan perdido todo este tiempo…”
“Sabes que veces necesito desaparecer, para saber que todavía existo…”
“No, no te preocupes, te entiendo…”
“Por eso tampoco quería ser más insistente de lo normal…”
“Ya nos íbamos viendo algunas veces…”
“Si, pero realmente merecíamos estar sin tanta gente…”
“Bueno, tenemos tiempo, no?”
“Si, hoy empezamos a tenerlo…”
“…”
“Cogemos unos Kebabs y nos los comemos por el camino?”
“Vale, por mi genial…”
“…”
“Recuerdo la primera vez que nos comimos uno, era incapaz de acabármelo…”
“Y creo que ahora podría comerme dos…”
“Lo que no entiendo es porque te lo pides sin verdura…”
“Porque la verdura me llena más…”
“Que gilipollez…”
“Ya jaja”
“…”
“No estás cansado de este barrio?”
“Cansado? No sé, a mi me gusta…”
“En serio, cada vez que lo veo tengo la misma sensación, es como si se hubiese quedado parado en un día determinado, y nadie fuese capaz de moverlo…”
“Aunque claro, tal vez eso es lo que me ocurre a mi…”
“No sé, me gustaría salir, y viajar, pero no me desagrada, siempre lo he visto igual…”
“Será que me recuerda demasiado a mi entonces…”
“…”
“Donde te gustaría ir, si hoy pudieses elegir destino…”
“Pues no lo sé…”
“Piensa uno…”
“Pues…Roma quizás…”
“Sabes que día es hoy?”
“Si, claro…”
“Pues dentro de un año nos vamos a Roma, este mismo día…”
“Que dices?…”
“Que cuando el tiempo cumpla un año más, estaremos embarcando camino de Roma…”
“Estás loco…”
“Loco? Yo soy el príncipe de los locos…”
“…”
“Sabes, me hace ilusión…”
“El que?”
“No lo sé…el viaje,… todo…”
“Pues te lo digo totalmente en serio, no miento. Ya pienso en Roma dentro de un año. Al empezar la noche me dijiste que improvisásemos. Mirar la vida desde un rincón nuevo”
“…”
“…”
“Un bar?”
“Si, deberíamos montar un bar…”
“Jajajaja”
“No lo ves, en serio?”
“Y que pintamos tu y yo con un bar…”
“No un bar exactamente, sino…un local”
“O algo así,…lo dividiríamos en dos plantas, o en dos partes…”
“En una tu espacio, y la otra el mío…”
“Somos muy diferentes en temas musicales…así tendríamos más alternativas…”
“En la mía puedo poner sofás?”
“Claro,…creo que en la mía pondré una pantalla gigante para ver el futbol…”
“Y puedo elegir quien entra y quien no?”
“Hombre,… sería difícil, al fin y al cabo es algo conjunto…”
“Además, sobre que elegirías?”
“No lo sé, iría cambiando…un día sólo gente morena, otro día sólo gente que tenga una A en el nombre…”
“Harías eso en serio?”
“Porque no? Ellos no te dicen muchas veces como debes vestir? O lo guapo que tienes que ser para entrar? Piensa que mi espacio sería muy exclusivo…”
“Nos estamos arruinando ya antes de empezar…”
“Jajaja”
“Que nombre le pondrías?”
“La buena es la mía”
“La buena es la mía?”
“Claro, al menos que la mía se llene…”
“Jajaja”
Estuvimos hasta las tantas. Como hicimos antaño. Reí como necesitaba hacerlo, y el me ayudó, como siempre me había ayudado. Creo que cuando los dos nos olvidamos del tiempo que hacía que no compartíamos espacio. Cogimos la mano del momento allí donde lo habíamos dejado.
Está vez no desapareceré. O por lo menos si lo hago. Le diré que al final de todo, siempre vuelvo.
Tenía un mensaje en el móvil. No me había dado cuenta. Era de María. Llegó justo a las doce. Ni siquiera escuché como lo hacía.
“Una mañana más y todavía no veo mi desayuno”
Decidí contestarlo. Aunque hubiesen pasado dos horas, desde que decidió enviármelo.
“Y crees que lo podrás ver pasado mañana? A eso de las 10h? Tengo dos entradas, para un sitio de dos plazas”
Esta vez no falle a mi cita, el desayuno que nos esperaba, no murió siendo sólo una espera.
Llegué poco antes de las 10h, estaba nervioso, como me ocurre siempre cuando estoy cerca, de lo que deseo tener al lado.
“María?”
“Si, ahora bajo”
Me entretengo jugando con la ranura de correos. En estos momentos siempre pienso en como tengo que reaccionar. Mi cuerpo pierde el control y lo desordena rápidamente todo para que no pueda encontrar la solución.
“Espero que después de todo lo que has tardado, sea un desayuno único… “
“Lo será, no puedo hacerlo de otra manera…”
“…”
“Estás muy guapa…”
“Gracias Miguel…”
“Pero no vas a conseguir convencerme tan fácilmente…”
“Tenía que intentarlo al menos…”
“…”
No tenía nada pensado. Improvisar. Vivo la mayor parte de mi tiempo sobre ese verbo, y siempre he creído que los recuerdos nacen en un país llamado igual.
Comenzamos a caminar, sin rumbo y sin necesidad de tener uno. Hasta que finalmente damos con el lugar que no buscábamos, pero deseábamos encontrar.
Ese lugar era una pequeña cafetería cercana a la plaza de Virrei Amat.
Era encanto todo lo que nos mostraba nada más entrar, sentía como el color llegaba a medida que nosotros avanzábamos.
Nos sentamos en una pequeña mesa que quedaba a medio camino, entre el piso de abajo, y la planta de arriba.
Poca luz y madera, era un lugar íntimo y en el que te apetecía estar.
Pedimos un café y un croissant. Y nos dejamos llevar.
Hablábamos y nos escuchábamos, reíamos y nos sonreíamos. Sólo me detenía un instante, en algún detalle que me fascinaba al descubrirlo, y me apresuraba a escribirlo rápidamente, entre los apuntes de mi memoria.
“Sabes que sólo tienes un hoyuelo?”
“Si,…”
“Y acaba siendo siempre gente muy cercana, la que se fija en ello…”
“Me alegro de haberlo hecho entonces…”
“Y yo, de que lo hayas encontrado…”
“En serio?”
“Si, pese a que tardes tanto en cumplir tus promesas, nunca pierdo el deseo de que lo acabes haciendo”
“Creo que entonces tengo que ser justo contigo…”
“Justo?”
“Si, porque si he llegado a encontrar tu pequeño tesoro, es porque tu no me la has escondido,…así que me veo con la obligación de llevarte hasta el mío”
“Hasta tu tesoro?”
“Claro, todos tenemos alguno, y lo protegemos escogiendo a quien queremos mostrárselo…”
“Y como tengo que llegar hasta el?…”
“Siguiéndome…”
Dejamos el pequeño New Orleans, que era el nombre que tenía aquella entrañable cafetería, y comenzamos a caminar por la fantasía, que poco a poco íbamos confeccionando.
Decidí llevar el peso del camino. Me guié por mi instinto, mi tesoro gritaba, y yo sólo seguía ese pequeño hilo.
“Donde me llevas?”
“Donde te lleva, dirás…”
Aumentaba el ritmo, me gustaba jugar con ella, me seguía y me encantaba verlo. Podía ver su rostro en los espejos, como el día de la moto.
La voz de aquel grito, cada vez era más intensa. A veces me detenía en medio del camino, para explicarle lo que oía.
“Me prometes, que no le dirás a nadie donde te he llevado?”
“Pero si aún no hemos llegado a ningún sitio…”
“Empezamos a llegar en la mesa del New Orleans…”
“No te entiendo…”
“No dirás nada verdad?”
“Que podría decir ahora, ni siquiera se que es lo que he visto…”
“Bien entonces, sígueme…”
Y así lo hacía. Nos perdíamos entre las calles, que serían el camino hacía nuestro recuerdo.
Podía ver como la ilusión nos sonreía. Podía ver su cuerpo, su pequeño cuerpo, y ver como le habíamos dado una vida.
Este momento ya tenía su propio color. Nosotros se lo habíamos regalado.
Aunque realmente, no tenía ni idea de hacía donde iba, y mucho menos sabía donde pretendía pararme.
Me limitaba a caminar y a girar entre calles como si realmente lo supiese. Para ella todo era verdad, cada movimiento, cada decisión.
Adoraba esa sensación. Los dos teníamos un sentimiento compartido, una ilusión intensa, veíamos e imaginábamos un lugar, una historia, un tesoro. Y lo mejor de todo, es que jamás nada de aquello había existido.
A medida que avanzábamos, le explicaba lo fascinante del sitio, pero sin contarle como lo había conocido. Le apuntaba detalles, pero sin ofrecerle el dibujo completo.
Le dije, que mi gran tesoro era un gigantesco jardín que se encontraba en el terrado de un edificio medio abandonado. Que nadie sabía de su existencia, salvo el hombre que cuidaba de todo aquello. Y que yo había sido nombrado, como el encargado de seguir custodiándolo.
Una vez creas un lugar tan diferente, no puedes quedarte a medio camino, así que le mostré como era de especial aquél sitio. Le expliqué que prácticamente todo era vegetación, hasta el mismísimo suelo que pisaríamos.
Le conté también, que en el centro había una preciosa fuente que protegía la vida de peces y anfíbios.
En realidad me dejé llevar, por lo que me hubiese gustado encontrarme.
“Queda muy lejos?”
“No, ya estamos llegando…”
“Y seguro que podremos entrar…”
“Claro, el siempre me está esperando, vive cerca, nos abrirá y nos dejará pasar…”
“No puedo entender, como puede existir un sitio así en Barcelona y que nadie lo conozca…”
“Yo lo conozco, y ahora tu también…”
Me detuve. Me detuve cuando creí que debía hacerlo. Desconozco el motivo, quizás realmente estaba allí aquel sitio. Lo que se, es que paramos en una pequeña calle, con apenas vida. Nadie pasaba por allí, y nadie parecía con la intención de hacerlo.
Bassols, así se llamaría nuestro recuerdo.
No sé si la vida me concedió la oportunidad, o quiso ayudarme en el juego, pero allí mismo había un pequeño edificio medio abandonado. Sobre el, se intuía un enorme patio, que dejaba ver sólo lo justo. Lo justo para dudar si todo aquello existía.
“Bien, ya estamos aquí…”
“Aquí?”
“Si, este es el sitio…”
“Y como entramos?…”
“Es esa puerta?”
“No, en realidad ahora todo depende de ti…”
“De mi?”
“Yo sólo te he traído…”
“No podía hacer más que guiarte hasta el sitio…”
“Así lo hicieron conmigo…”
“No entiendo nada, que debo descubrir entonces?”
“Como entrar…”
“Pero esa puerta es la puerta del edificio…”
“Ya, pero esa sólo es la puerta de los vecinos, allí se entra por otro sitio…”
“Y como lo descubro?”
“Yo te ayudaré, pero no puedo hacer mucho…”
“Sólo guiarte….”
“Te estás quedando conmigo?”
“Piénsalo si quieres…”
“Pero sólo he hecho esto contigo…”
“Vale, bien…que se supone que tengo que hacer?…”
“Ves el número que hay?”
“Un 8…”
“Si,…y ves que hay al lado de la puerta?”
“Una especie de entrada a un garaje…o algo así…”
“Sólo puedo decirte que están unidos…”
“Pero es todo lo que puedo decir…”
“El número tiene algo que ver con la puerta?”
“Si…”
“El número abre la puerta…”
“No puedo decirte nada más…”
“Está bien veamos…”
“…”
“Puede ser la hora?”
“La hora a la que se abre?”
“Te di toda la ayuda que podía…”
“No, no creo que sea eso…”
“Un 8…no hay 8 pisos…”
“En serio, te estás riendo de mi?”
“Me ves hacerlo?”
“Oye quizás me equivoqué y no debí decirte nada…”
“Olvídate de todo esto y vayámonos…”
“No, no pienso irme…”
“Dejémoslo, da igual, quizás ha sido un error…”
“Espera, en el horario del vado, también pone de 8 de la mañana a 8 de la noche…”
“Alguno de los pliegues de la persiana tal vez?”
“1,2,3,4,…bah que estupidez…”
“María, vayámonos, me equivoqué al querer enseñártelo, no pasa nada, dejemos esto aquí…”
“Vete tu si quieres, yo averiguaré que es…”
“…”
“En la pared se distinguen pequeños cuadros, son las divisiones de la pared, pero tal vez el octavo…”
Me senté en la pequeña portería que quedaba frente al edificio, era una calle muy estrecha, todavía lo sigue siendo. Veía como trataba de buscarle el sentido a todo aquello, como trataba de encontrar el vínculo que existía entre el 8 de la portería, y la manera de entrar al edificio.
Eso era lo que me fascinaba. La verdadera fantasía.
Cualquier otra persona hubiese pensado, que todo aquello era una estúpida pantomima.
Salvo ella.
Aquella era al diferencia, que la hace totalmente única. Todo aquello lo creamos los dos. Si aquel mundo ahora existe, es porque nosotros le dimos vida.
Nadie más me hubiese llevado hasta allí, sólo María.
Veinte años he estado creyendo que no existía, y ahora me encuentro sentado frente a ella.
Al final decidí sacarla de allí. Nos alejamos por un instante de nuestro pequeño mundo recién creado.
“Me has tomado el pelo imagino, no?”
“No”
“Todo aquello existe, desde el momento en que tu creíste que existía, y yo te hice hacerlo…”
“Sabía que me engañabas y aún así me lo creí, me lo creí todo…lo veía, en serio que lo hacía, imaginé que encontraría una manera… que encontraría una puerta que se abriría por arte de magia,…que estúpida….”
“Estúpida?”
“Ojalá el mundo fuese estúpido entonces…”
“Tienes algo que los demás desean, pero que sólo a unos pocos les pertenece…”
“Y que se supone que es?”
“Diferencia…”
“…”
“Sabes cual es mi tesoro?…”
“Reírte de mi?”
“No…”
“Me dijiste hace un rato,… como puede ser que esto exista y nadie lo conozca?… y te dije que tu ahora lo hacías, mi tesoro es que ese pequeño mundo, esa fantasía, ese recuerdo,…ahora es nuestro”
“Y ese puzzle estaba hecho de dos piezas…”
“Y yo era la forma, y tu eras el hueco…”
“Como mi hoyuelo, no?”
“Si, ahora mi tesoro está completo…”
“…”
“…”
“Marchémonos anda…”
“No tendrás pensado deshacer el puzzle ahora, no?”
“No, en el fondo, aunque ahora quiera matarte, te agradezco lo que me has hecho sentir, he imaginado un mundo fantástico en esa calle hasta hoy muerta,…y eso has conseguido hacerlo tu…”
“Pero las ganas de matarte, son grandes, eh?”
“Jajaja”
Salimos de allí, y dejamos de hablar de todo lo que había pasado. Aunque realmente ambos sabíamos que habíamos vivido un momento único, como ella me pidió hacerlo.
La dejé en su casa, y regresé hasta la mía. El cierre de la puerta no estaba echado. Intuí quien estaba dentro.
“En que canal daban los Simpson?”
“En Antena 3, no?”
“Que haces aquí…”
“He venido a comer contigo…”
“Pues espero que hayas hecho algo…”
“Tu que crees?”
“Siempre lo contrario que tu…”
“Pues te equivocas, porque hice macarranones…”
“Donde estabas?”
“Había quedado para desayunar fuera…”
“Y que tal la chica?”
“Como lo sabes…”
“Leí lo que habías escrito en esa libreta…”
“Comemos entonces?”
“Si, que ya tengo un poco de hambre…”
“Ah, por cierto, he vendido la casa…”
“Que!?”
“Si, era demasiado grande para mi, necesito algo más pequeño y que se mueva…”
“Sigues con la idea del barco?”
“Claro, estoy convencido…”
“Te quedarás aquí unos días, no?…”
“Cuanto has aprendido de mi…”
Nos pusimos a comer estirados en el suelo. La verdad es que cocina muy bien.
A momentos mi sonrisa aparecía, como lo hace siempre cuando la recuerdo. Me gusta pensar, que en estos momentos, ella también está sonriendo.
Falta poco menos de un mes para navidad, y el frío ya se ha encargado de vestir las calles para la ocasión. Recuerdo la ilusión que sentía cuando era un niño. Deseaba que llegaran estos días, y una vez llegaban, deseaba que se convirtiesen en eternos.
Mis padres me acercaban siempre al centro, para ver como la ciudad se preparaba para recibir el momento.
Hoy soy yo el que se acerca hasta aquí, y el que se pierde entre toda esta gente. Observo los ojos de los niños, como me observaban a mi cuando yo era uno de ellos.
No siento lo que la fiesta pretende decir, ni siquiera siento lo que representa en si, pero el recuerdo de lo que un día fue para mi, me hace siempre sonreír cuando vivo entre estas fechas.
La infancia debería ser un derecho intocable. Nadie debería vivir sin haber estado allí.
Siempre lo he pensado. La vida ya se encargaría después de guiarnos entre nuestros aciertos y nuestros errores, pero habiendo vivido antes la única etapa de sinceridad que tendremos jamás.
Recibo un mensaje, es Lara.
“Estaré antes del 25 por allí! Quiero verte!”
Sonrío, pero no como lo haría un niño. Tengo ganas de verla, pero no siento lo que debería sentir por hacerlo. Creo que todo se ha enfriado tanto…
Cambiamos el marco, y nos dejamos de lado.
Ni siquiera había pensado en ella, en todos estos días.
Tal vez, porque mi pensamiento está ocupado completamente por María. Nos hemos seguido viendo estos días. Quedamos para comer, para cenar o simplemente para vernos.
Ahora estas fechas coinciden con su etapa de exámenes, por eso he preferido dejarla tranquila.
Soy nuevo en su vida, y antes de todo está su propio camino.
Aunque de todos modos, no puedo dejar de recordar alguno de esos momentos. Hace un segundo pase por delante de la tienda de ropa, que hace unos días nos vio convertirnos en improvisados modelos de probador.
Pasamos la tarde jugando dentro de uno de ellos. Las reglas eran sencillas. Cada uno elegía seis prendas, tres con las que nunca nos veríamos, y tres con las que nos encantaría vernos.
Jamás pensé, que podría reírme tanto en un lugar así. Aunque es sencillo, cuando los sitios, se convierten simplemente en sitios, junto a alguien que te hace sentir.
El olor que nace de los pequeños puestos de castañas, sigue recordándome a mi abuelo.
Siempre compraba un cucurucho, y nos lo comíamos caminando sin rumbo alguno.
Me alegra ver que aprendí a sonreír al recordarlo. Y que encontré una canción para los dos.
Vuelve a sonar mi móvil, esta vez es Ernesto.
“Donde estás?”
“Bajando por las ramblas…”
“Sube hasta Paseo de Gracia, te estoy esperando a la altura de la casa Batlló…”
“No tardes…”
Quizás de otro tipo de persona, me extrañarían este tipo de cosas, sin embargo, de el no me sorprende.
Le veo sentado, con los brazos apoyados en el respaldo, y las piernas estiradas.
“Como puedes hacer esperar tanto, a un anciano como yo?”
“Estaba seguro que no te ibas a mover de aquí…”
“Siéntate”
“Sabías que andaba cerca?”
“Si”
“No, no lo sabías…”
“Ya, pero querías escuchar un si…”
“Para que querías que viniese?…”
“Es que un amigo deber tener algún motivo para querer ver al otro?
“Claro, dímelo…”
“Bien,…es que me apetece hacer algo, pero necesitaba que lo vieses…”
“Te he visto muchas veces sentado, no me sorprende…”
“Vaya…”
“Pues improvisaré algo…”
“…”
“Me aguantas esto?”
“Que pretendes hacer…”
“Nada, sujétame esto y te lo explico…”
“No, tendrás frío así?”
“No…”
“…”
“Que cojones haces?”
“Creo que es obvio…”
“Me apetecía caminar desnudo por Paseo de gracia…”
“Pero…”
“…”
“Estás como una puta cabra…”
“No,…yo soy el rey de las cabras…”
Me quedé sentado, sin saber como reaccionar, le he visto hacer de todo, pero esto no me lo hubiese imaginado jamás.
Tenía toda su ropa en los brazos, mientras el bajaba el paseo completamente desnudo.
“Te vas a venir o no?”
No tenía intención de desnudarme, pero al menos debía seguirle.
La gente que aparecía en este improvisado escenario, se quedaba mirando como si desnudo fuese.
Me puse junto a el, y bajé la cabeza. Pese a que no sabía donde meterme, tampoco podía dejar de sonreír por lo absurdo que me resultaba todo.
“Pues la verdad, es mejor de lo que pensaba…”
“De lo que pensabas?
“Y tanto…”
“Tenía ganas de liberarme del todo, de todos modos me van a juzgar por lo que aparento ser, o por lo que creen que ven, pues así podrán hacerlo mucho mejor, en realidad sólo les estoy ayudando..”
“…”
“Hola señora que tal?”
“Le daría la mano, pero no me he lavado los dientes…”
“Jaja…no sé que decirte realmente…”
“No digas nada, y desnúdate…”
Poco antes de llegar a plaza Cataluña, decidió meterse en una de las calles que cruzan el paseo, y vestirse de nuevo.
Gente haciéndole fotografías, miradas que le seguían, demasiado para mi.
Me preguntó si me quedaba a comer con el, pero preferí marcharme.
En realidad le admiro. Ha conseguido dejar en el suelo, las pocas capas que le quedaban hasta llegar a donde siempre ha querido llegar.
Ser simplemente una persona que hiciese lo que le apetecía hacer en cada momento.
A mi todavía me queda un largo camino, y ni siquiera ser si llegaré hasta allí.
Si todo ha ido como tenía planeado, María habrá recibido mi pequeño regalo. Esta mañana, mediante uno de los chicos que estudia con ella, le hice llegar uno de los sombreros que nos probamos.
Dentro había una nota.
“Te queda genial. Te mentí”
El timbre se encarga de despertarme hoy. Por un segundo dudo si levantarme o no. Cojo la primera sudadera que encuentro en el cajón, y decido darle una oportunidad a lo que haya detrás de este molesto despertar.
“Lara!?”
“Migueeeel!”
Me abraza sin apenas poder reaccionar. No podía imaginarme que estuviese ya en la ciudad. Ayer mismo me dijo que hasta el día 25, no regresaría. Y quedan dos semanas todavía.
“Cuando has llegado?”
“Me dijiste que…”
“Ya, pero quería sorprenderte…”
“Pues lo has hecho…”
“De hecho me acabas de levantar…”
“Lo siento…”
“No, no te preocupes, tenía pensado hacerlo de todos modos…”
“Pasa, me arreglo y no vamos a dar una vuelta…”
Está muy cambiada. Aunque el último recuerdo que conservo, nos veía todavía muy niños.
Me ducho mientras ella recorre el piso. La verdad es que todavía no soy consciente de lo que sucede.
Oigo como pregunta, y como se preocupa por el estado de la vida, que hoy sigue conmigo.
“Vives sólo?”
“Si,…bueno…”
“No, del todo…”
Salgo del baño, y la veo con una foto de mis padres que tengo siempre en uno de los muebles del comedor.
“Siento no poder haber estado, Miguel…”
“No te preocupes, conseguí estar yo…”
Dejamos el piso, y nos marchamos sin rumbo ni lugar. Caminamos hasta que el propio camino nos deja en una pequeña feria artesanal de navidad.
“Recuerdas cuando montábamos el belén entre los dos?”
“Tu me ayudabas con el mío, y yo con el tuyo…”
“Acabábamos poniendo todos los muñecos que encontrábamos jaja”
“Tus tortugas Ninja, alguna de mis muñecas…”
“Lo recuerdas?”
“Si, tu padre siempre nos preguntaba que si veíamos normal que en vez de tres reyes,
hubiesen tres Street Sharks”
“Jajaja…”
“Como están?”
“Bien, contentos por volver a verme aquí…”
“Y tu? estás contenta de volver a estar por aquí…”
“Necesitaba huir miguel…”
“Todo salió mal…”
“El trabajo cogió un rumbo que no esperaba,…lo dejé con mi pareja…”
“Que paso?”
“Bueno, cometí un error….”
“Y con el trabajo?”
“La gente se puso en mi contra, yo solo quería más, que fuese mejor, no lo sé…confundieron ambición con avaricia…”
“Lo confundieron ellos?”
“Yo sólo quería llegar un poco mas lejos…”
“Y pensaste en hacerlo sola?”
“…”
“No lo sé…”
“Como se llamaba tu pareja?”
“Oliver…”
“Y que ocurrió?”
“Bueno…”
“Una noche conocí a otro chico en una discoteca, y me dejé llevar….”
“Y donde llegaste?”
“A quedarme sin ninguno de los dos…”
“No te imaginaba cometiendo ese error…”
“No lo sé, me olvide de todo aquella noche, y al fin y al cabo el sólo quería follarme…”
“Tenías miedo y volviste?”
“…”
“Si, supongo que fue eso…”
“Es muy grande la soledad cuando la tienes cerca, verdad?”
“No sabía para donde tirar…”
“Y regresaste hacía atrás…”
“Porque me buscaste?”
“Porque cuando volví atrás, hacía donde me vi un día, te vi allí, y recordé que si alguna vez he estado cerca de lo que fui, o de lo que me hubiese gustado ser, fue en aquel momento…y tu estabas cerca…”
“Todo cambió mucho, desde aquellos recuerdos…”
“Me tuve que poner frente a ese enorme miedo, con mi pequeña espada y mi escudo de cartón…”
“Y me enfrenté solo al dragón…”
“Pensé en volver, pero mi mundo estaba naciendo entonces…”
“Y el mío estaba muriendo…”
“Lo siento Miguel…”
“No tengo que perdonarte, no hiciste nada más que seguir tu camino…”
Seguimos hablando, aunque poco mantenía nuestra historia en común con vida.
Le hablé de María, le expliqué todo por encima, hasta que finalmente llegamos a la portería en la que hoy vive.
“Bueno, ahora tengo que organizar un poco todo por aquí, pero podemos seguir viéndonos, no?”
“Si, ya encontraremos algún momento…”
“Me ilusiona poder recuperar nuestro recuerdo…”
“Bueno, ya lo vemos estos días…”
“Que vaya bien Miguel”
“Cuídate Lara”
En realidad deseo que las cosas le vayan bien, no me interesa el rencor. Jamás le desearé mal, a quien me haya hecho sentir antes.
Regreso a casa, y miro el móvil, tengo un nuevo mensaje, es María.
“Apenas dos semanas y seré libre! Tengo muchísimas ganas de verte!”
Esta vez mi sonrisa no huye, con ella es diferente. Me hace sentir, me hace creer, me permite verme.
Deseo que el tiempo corra esta vez más que nunca y me detenga de nuevo enfrente. Apenas la conozco realmente, pero me siento en casa, cada vez que veo una sonrisa en su cara.
Ernesto ha regresado al piso. Veo que la sensación de pasearse semidesnudo le ha convencido.
Está cocinando, pero no se muy bien el que.
“Hombre chaval, ya estás aquí?”
“Que haces?”
“Lasaña…te gusta?”
“Si, no está mal…”
“Donde estabas?”
“Quedé con aquella chica, que te dije que tenía que volver…”
“Y que? Volvió?”
“No…”
“…”
“Mejor que tu no conoce nadie la historia, ya sabes…un día la vida te desea por ser diferente, y al otro te olvida por no ser igual…”
“…”
“Oye, te propongo algo…”
“Dime…”
“Aún sabes como se toca la guitarra?”
“Bueno, no sé si lo recuerdo muy bien…”
“Pues recuérdalo para está noche…”
“Te vienes a una Jam sesión conmigo…”
“Donde?”
“Donde es lo de menos, lo que importa es cuando y cuando es esta noche…”
Me he pasado media tarde tratando de recordar como mi guitarra y yo conseguíamos llegar a lo especial de aquellas conversaciones.
Cogemos la moto y nos plantamos en un momento en el Raval. Allí, en un pequeño bar, hay una sala donde músicos que no se conocen van cada noche a tratar de averiguar quien es el otro, y en parte a tratar de no olvidar quien son.
Reconozco estar nervioso, salir a un escenario, por pequeño que sea, es una responsabilidad. Todo el que te vea, todo el que te escuche, todo el que te sienta, espera algo que convierta el momento en único.
Esperamos de pie junto a una de las columnas. El encargado de todo aquello nos avisará con una señal. Nada ni nadie se detiene cuando los cambios se producen. Siempre hay alguien que mantiene el sonido con vida.
Llega nuestro momento, y nos dejamos llevar. Al principio el frío de mis dedos no me deja prácticamente arriesgar, pero el ver a Ernesto y las caras de todos los que simplemente no piensan en lo que pasará, me da la seguridad necesaria.
Comienzo a soltarme e incluso a llevar el peso de la improvisación. Demasiado tal vez, para un novato como yo. No sé si es debido a la situación, pero la euforia me pone en pie, y me acerca al micro. Jamás pensé en cantar. Mi voz tampoco me lo permite, pero empiezo a recitar lo que mi cabeza imagina. Ellos mantienen el ritmo, y yo trato de acompañar. Cierro los ojos, intuyo el sonido, y dejo que mi mente libere cada palabra que nace conmigo en este sitio.
Y es que en la ciudad que nació hoy,
el trovador recoge sus cartas,
y el escandaloso perro no dice nada.
La gente sabe que el futuro no guardo palabras,
y que el Sol volvió a meterse en su caja.
Y es que en la ciudad que nació hoy,
los niños fuman cigarros donde antes jugaban,
y sus madres desaparecen, sin importarles ya el mañana.
Los ancianos esperan a la muerte metidos en sus camas,
y los payasos se limpian sólo media cara.
Y es que en la ciudad que nació hoy,
el joven músico acaricia con nostalgia su guitarra
y el loco se abrocha la americana.
Las casas ya no se encierran detrás de puertas y ventanas,
y los suicidas se afeitan en el centro de la plaza.
Y es que en la ciudad que nació hoy,
el tiempo limpia sus botas apenas gastadas
y el diablo está estirado sobre un manto de espigas encantadas.
Los pasteleros se comen sus pastas,
y los borrachos cuentan nubes con forma de petaca.
Y es que en la ciudad que nació hoy,
la vida murió antes de ser amada.
Fueron prácticamente cuarenta minutos sin parar. Se podría decir que fue mi primer y último concierto, salvo que el camino me conduzca hasta alguno más.
Realmente me sentí genial, y Ernesto me felicitó por todo aquello. La improvisación finalizó con nuestra participación.
La gente aplaudía, y muchos de ellos me daban la enhorabuena por todo aquello.
“Eh, has estado genial!”
“Gracias”
“Tienes algún grupo o tocas en algún lugar?”
“No, este es el principio y el final…”
“Pues no debería ser así…”
“Por cierto como te llamas?”
“Miguel…”
“Yo Aina…”
“Te invito a tomar algo…”
“No puedo, me tengo que marchar, pero gracias…”
“Volverás por aquí…”
“No lo sé, quizás…”
Ernesto me dijo que continuaba la noche en el bar. Yo decidí marcharme. El momento ya se convirtió en recuerdo. Estaba cansado y necesitaba dormir. Era lo único que me quedaba para acabar.
Han pasado dos semanas desde que me convertí en parte de un improvisado escenario. Durante unos días caminamos cruzando entre medio de todas esas fechas que le componen el rostro a la navidad.
Las pasé solo, prácticamente no le di oportunidad a los días, he dedicado este tiempo a escribir, a pintar, y a esperar. Sobretodo a esperar. Quería volver a verla y necesitaba paciencia para llegar. Aunque todo lo que hice, estaba inspirando en ese final.
Durante estos días, también me he convencido de algo. Ernesto sigue siendo mucho más listo que yo. Sigue esperándome en los sitios, aunque finalmente siempre acabo llegando
He comprendido que no tiene intención de comprarse un barco. Y hoy dudo si la tuvo alguna vez.
Mi teléfono suena, es Jorge.
“Ei, que pasa?”
“Que tal?”
“Bien, y tu?”
“Bien ahora que he acabado con los exámenes…”
“Como han ido?”
“Creo que bien, pero nunca se sabe…”
“Dime entonces…”
“Nada, te llamaba para preguntarte que harás en fin de año…”
“Acabar el año y empezar un nuevo…”
“Jaja…pero si piensas ir a algún sitio?”
“No, que me propones?”
“Bueno, vamos a ir a Costa Suave, una discoteca del centro, está bien, y no es muy cara…”
“Sabes que yo y las discotecas no nos llevamos muy bien…”
“Ya, pero tal vez te apetecía, no sé…”
“Gracias de todas formas…”
“Entonces no vendrás?”
“No, pero de todos modos pásatelo bien…”
“Vale, tenía que intentarlo…”
“Y yo te lo agradezco siempre…”
“Irás con estos?”
“Si, iremos los cuatro…”
“Pues disfruta de la noche…”
“Ya te explicaré…”
Nunca he tenido nada en común con las discotecas. Ni la música que suelen poner, ni el ambiente, ni el agobio que me supone estar sin apenas poder moverme.
Aunque moverme tampoco sea mi fuerte.
Parece que hoy se han puesto todos de acuerdo. Recibo un mensaje de cada uno de ellos, preguntándome si hay alguna posibilidad de que vaya. No entra dentro de mis planes esta vez.
Sólo contesto a uno de ellos, ya se informarán.
Pasan los días, como han pasado los últimos. Mantengo el contacto con María, pero aún no nos hemos podido ver, las fiestas que por está fecha caminan, han impedido que lo hagamos otra vez.
Hoy es fin de año, para mí una noche más. En realidad no cambia nada, son sólo los números los que se mueven, si estuviésemos siguiendo un calendario equivocado, celebraríamos siempre el final cuando no ha llegado.
Que más dará, si el sol sale una vez más.
Sigo pintando, no sé muy bien lo que es, pero me gusta, aunque creo que nadie lo entendería. La música no está demasiado alta esta vez, no me impide escuchar como llega un mensaje a mi móvil.
“Te veré esta noche por Costa Suave? Dime que si!…”
Ella también irá por allí. Jorge no me dijo nada. Tal vez lo decidieron hace poco.
Por un momento todo se detiene. Y no se lo que hacer, por una parte se que aquel lugar y yo, no tenemos nada de lo que hablar, sin embargo, ella es el motivo que me ha hecho esperar.
“Ei tío…”
“Soy Miguel…”
“Eh, dime…”
“Oye, está noche al final no iréis solos allí, no?”
“No, vienen María y las demás…”
“…”
“Miguel?”
“Si, si…sabes si quedan todavía entradas?”
“Buff, pues no lo sé…estaba prácticamente todo vendido, pero puedes acercarte…”
“Dame la dirección…”
Me apresuro a llegar antes de que sea tarde. Jamás he corrido tanto. Apuré al máximo cada semáforo. Cerré los ojos en alguno de ellos. Parecía ser un piloto sin rival, en la última carrera de un mundial, donde el título sería entrar.
Dejo la moto prácticamente frente a la puerta del edificio, y corro hacía la puerta, está abierta. Subo de dos en dos los escalones y me plantó frente al piso donde venden las entradas.
“Hola”
“Hola, venía para saber si quedaban entradas para esta noche…”
“Diría que no…”
“Lo miraré, espera…”
“…”
“Cuantos sois?”
“El que ves…”
“…”
“Me quedan tres…”
“Pero ahora valen el doble…”
“…”
Pensé en robárselas, pero deseaba entrar y de aquella forma hubiese tenido que seguir la noche por la radio.
“Vale, cuanto es?”
Tenía la entrada en mis manos. Contesté entonces a María, pero le dije que no iría. Prefería que no me esperase.
Hago una última llamada, necesito saber cosas que todavía no sé.
“Hola, soy yo otra vez…”
“Dime…”
“Tengo la entrada”
“Si!!?”
“Si, pero no digas nada…”
“Ok, no lo diré…”
“Quiero saber algunas cosas…”
“Pregunta pues…”
“Donde habéis quedado?”
“Pues en una pequeña plaza que hay cerca de la misma discoteca…”
“Ah, creo que ya se cual es…”
“A las 00:30 tenemos que estar allí…”
“Bien, pues allí estaré…”
“Una cosa, pese a que es una discoteca bastante normalita, se ponen un poco pesados con las pintas, y más en fin de año…”
“Con las pintas?”
“Y como quieren que me vista?”
“Todo lo elegante que puedas,…ya sabes,…americana, zapatos…”
“Y quizás deberías quitarte los pendientes…”
“Bah,…no me jodas…”
“En serio, son así, ya sabes…”
“Tengo que pintarme las uñas? O no hace falta?”
“Jajaja…con engominarte y afeitarte será suficiente…”
“Estás de coña, no?”
“Son demasiado pesados, y es mejor no quedarse fuera después…”
“Bueno, ya veré lo que hago…”
“Nos vemos allí…”
“Hasta luego Miguel!”
Regreso a casa, el tiempo se me echa encima y necesito conseguir un disfraz que jamás he tenido. Espero que Ernesto conserve algo de su etapa de monarca arrepentido.
“Necesito tu ayuda?”
“Sorpréndeme…”
“Necesito una americana, zapatos, y algo que parezca que he sido un elegante príncipe inglés toda mi puta vida…”
“Donde te has metido?”
“Donde debía meterme…”
“Te disfrazaré pues…”
“Por favor…”
Me planto frente al espejo con un aspecto que siempre recordaré. Me siento como si estuviese en princesa por sorpresa, y ni siquiera me pagan por este papel. Ernesto se ríe, yo también lo haría si fuese el.
“Creo que ya está bien, no pienso afeitarme ni quitarme los pendientes…”
“Iré así…”
“Yo te veo bien…”
“No me jodas…”
“Pensé que querías que te engañase…”
“No esta vez…”
“Tienes que bajar a lo más profundo, para encontrar la luz que necesitas, eh?”
“Si, necesito que brille…”
“…”
Tenía mi máscara preparada. Ahora sólo necesitaba que el tiempo llegase, pero tardaba mucho en hacerlo hoy. Hasta que al final lo hizo.
“Vas a ir en moto?”
“Te despeinarás!”
“Que te follen…”
“Jajaja…”
Estaba muy nervioso. He vivido en cada posición que han tenido las agujas del reloj, salvo en esta. Cada semáforo parecía decirme lo mismo “No va a salir bien, lo sabes?” Sin embargo aceleraba después sin querer escucharlo. Puse rumbo al sitio que me esperaba, hasta que al final llegué.
Dejo la moto, y me acerco lentamente, puedo verlos bebiendo a lo lejos, todavía no saben que estoy allí, hasta que uno de ellos se gira, y me ve.
“Eh Miguel!!”
Continúo caminado, y me detengo frente a ellos.
“Que haces aquí!?”
“Como que has venido?”
“Y como sabías donde estábamos?…”
“Intuición, ya sabes…”
Miro a mi cómplice, y me siento entre todo aquello.
“Quieres algo de beber?”
“Claro, sólo he venido a eso…”
“Jajaja…pues pide tío…”
Trato de reconstruirme allí dentro, no es mi estilo, ni mi sitio, me resulta desconocido y frío. Si estas situaciones fuesen un traje, me quedaría siempre grande.
Jorge se acerca, y se sienta a mi lado mientras el resto habla.
“Nervioso?”
“No…”
“No te creo…”
“Yo tampoco…”
Me ayuda a calmarme, y a ubicarme entre todo aquel espectáculo medianamente vacío, pero completamente muerto.
Un grupo de chicas se acerca a nosotros, nos preguntan si sabemos donde está una de las discotecas más conocidas de la ciudad, ellos tratan de ayudarlas, y yo decido pedirles un cigarro.
“Perdona?”
“Que si tenéis un cigarro?”
“Si…”
“Me das uno?”
“Claro, ten…”
Me levanto y me dirijo hacía ellas, les pido que me lo enciendan, y se lo agradezco antes de regresar a mi sitio. Ni siquiera me lo acerco a los labios.
“Y esto?”
“Si tu no fumas…”
“Ya, sólo quiero ver como se consume…”
Aquellas chicas se marchan, y nosotros seguimos esperando a que el momento se convierta en recuerdo. Pasa un largo tiempo hasta entonces, pero llega, como llega todo lo que alguna vez ha tenido espera.
“Ya las veo venir…”
Mantengo mi mirada fija en el cigarro, hasta que lo tiro al suelo y lo acabo pisando. Me giro un momento, y veo como se acercan a lo lejos. Las veo, a ellas, y al grupo de gente que las acompaña. No los conozco, pero no me impide encontrarla entre todos ellos.
Todavía no puede verme, así que continúo sentado en mi sitio, mientras todos están ya de pie.
Cuando la distancia desaparece, y el tiempo es suficiente, me levanto y aparezco en la escena.
Su cara se convierte en sorpresa. Recordaré siempre esa expresión, parecía decir todo lo que es posible decir, sin hacer uso de las palabras.
Nos miramos entonces, y sonreímos, el saludo entre todos, es una costumbre en estos casos, lo hacemos, hasta que llegamos el uno frente al otro.
“Que haces aquí!? Como que has venido!? Para nada esperaba verte…”
“No podía perdérmelo, quería que vieses que no tengo ni idea de bailar…”
“Bueno,…ni de estar aquí…”
“No te preocupes,…yo estoy también…”
Hablamos. Hablamos entre nosotros, y con el resto.
Alguien dice que sería un buen momento para entrar, así que nos dirigimos hacía la calle, donde hoy se encontraba nuestro lugar.
Me quedo un poco atrás, como suelo hacer siempre, hasta que parece verme y se detiene a esperarme.
“Me dijeron que me afeitase, y que me quitase los pendientes…”
“En serio? Jaja…te tomaron el pelo…”
“Sólo hay que verme…”
“Jaja…”
Entramos, no hubo problemas para hacerlo. Hacía tanto tiempo que ningún lugar me hacía sentir tan extraño, pero hoy debía olvidarlo, este era mi sitio, y eso era algo que tenía muy claro.
Avanzo a través de la oscuridad y el ruido, la música golpea mis oídos, y me recuerda porque me he alejado de estos sitios.
Agobio, ansiedad, cuerpos que se intuyen, luces que apenas iluminan las cara, el humo se apodera de todo y nosotros nos introducimos en ese rostro.
Dejamos las chaquetas en el guardarropa, y buscamos un pedazo de sala donde quedarnos. Hasta que finalmente lo encontramos. La complicidad en estos momentos parece tan natural, todo el mundo parece despojarse de sus máscaras, pero en realidad, es cuando más las llegan a usar. Todos fingen querer saber lo que el otro dice, todos aparentan ser un fiel oído, y en realidad solo necesitan seguir un juego, que tienen muy bien aprendido.
Conversaciones, risas, golpes, aprovecho cualquier momento, para mirarla sin que me vea hacerlo, como al principio de todo, como aquella noche, en la que ninguno de los dos quería estar, pero en la que ninguno se hubiese perdonado, no haber estado jamás.
Después de un rato parado, como un estúpido soldado sin bando, decido ir a por una de mis consumiciones, necesito algo de alcohol, para no parecer sólo parte del decorado.
No dudo hoy, este es mi sitio, y de eso no me he olvidado.
Regreso con todos, y la noche avanza, veo como bailan, ella se acerca un par de veces y me pide hacerlo, sonrío, pero no tengo todavía alcohol suficiente, como para olvidar que soy un inútil sin ritmo.
Hablamos, y reímos, me fijo en sus labios, la luz cruza ante ellos, y me permite verlos un segundo, el tiempo suficiente como para desearlos.
Bailes, sombras, reflejos, la noche continua siendo la que se encarga de mantener con vida este sitio.
Decido ir al baño, Jorge me pide si puedo ir a por una de sus consumiciones, no hay problema alguno, antes entro en el lavabo como tenía pensado.
Mientras estoy entre aquellas cuatro paredes, pienso en todo lo que está pasando, no se si estoy haciéndolo bien, ni siquiera se como es hacerlo bien, a momentos me siento en el camino correcto, y a momentos creo que me he marchado. Me lavo las manos y me miro al espejo, alguien me da un golpe, decido aceptar el perdón de buen grado, no sería útil pagar con nadie todo lo que está pasando.
Cuando salgo del baño, veo como ella había decidido hacer lo mismo, coincidimos en el pequeño espacio que queda entre las dos puertas.
“Me has seguido?”
“Claro, llevo toda la noche haciéndolo…”
Sonreímos, y ella regresa con el resto, yo voy hasta la barra, a pedir la consumición que me habían demandado.
La situación me está devorando, me desespera ver como estoy atado a mi Yo más inútil, y como soy incapaz de soltarme, ni despistarlo.
Vuelvo con ellos, y me pierdo de nuevo en mis estúpidos pensamientos, tengo la sensación que las paredes se disuelven, y el momento se hace mucho más rápido. Me altero cuando recibo golpes de la gente que baila a mí alrededor. Me freno antes de no poder controlarlo.
Hasta que mi mirada se pierde. Se detiene en el suelo al menos durante 30 segundos. Creo que durante todo ese tiempo, me convertí en parte de esa superficie llena de pasos.
Pero esa imagen se rompe en mil pedazos, cuando su voz me vuelve a poner en pie.
“Por mucho que lo mires, no conseguirás cambiarlo…”
“Estaba intentando levantarlo…”
“Y esconderte debajo?”
“Tal vez…”
Sonríe, sonrío, y en entonces cuando consigo lograrlo.
“Quieres un regalo?”
“Claro…”
Me quito una de mis pulseras, y la ato en uno de sus brazos, aquella pulsera llevaba conmigo, desde que el recuerdo me ve como un niño.
Mientras lo hago, ella coge mi mano. Miro sus ojos, ella mira los míos, y cojo su otra mano, las unimos, nos unimos, y nos encontramos…
Es entonces cuando la noche sonríe, ha estado despierta esperando, y el momento por fin ha llegado…
Sus labios, mis labios…
Todo empieza a desaparecer entonces, la gente, la música, el sitio, el ambiente, el tiempo, el suelo, la luz…sólo existimos nosotros dos, y la eternidad de aquel recuerdo…
Cuando escribes sobre la memoria, la intensidad se apodera del papel, y de como usarlo, todo se detiene, y las sensaciones y las emociones, se convierten en un lápiz, que no puede ser borrado…
Lo sentido, no puede ser negado.
La noche dejo paso a una mañana más.
Quedábamos pocos, la mayoría habían abandonado, nosotros ni siquiera nos dimos cuenta, no nos interesó verlo.
Salimos de allí, cuando el Sol comenzaba a despertarse.
Aquellas manos que se unieron, no se separaban ahora, me sentía protegido, y la sentía protegida.
Dos más nos acompañaban, en aquel camino improvisado.
Decidí quitarme de una vez aquél traje, me saqué la americana, y me desabroché los botones de mi camisa. Bajo ella, se intuía parte de mi esencia, una parte que no había logrado ser vencida. No era más que una simple camiseta con la bandera pirata, la tengo desde hace mucho tiempo, y adoro llevarla encima.
“Te descubres ya?”
“Me pesaba demasiado esta careta…”
Nos separamos, los otros dos cogieron una línea de metro distinta. Nosotros nos bajamos en su parada. Sus ojos se cerraban, el sueño empezaba a vencerla.
La puse en mi espalda, y la lleve sobre ella hasta su casa. Convirtiéndome en su caballo.
No era mucho el camino que había entre la salida del metro, y su portería, pero me encanto hacerlo.
Veía en los reflejos como sus ojos cansados, habían cedido, y estaban cerrados.
Volvió a apoyare en el suelo una vez llegamos.
“Sube y duerme, descansa…necesitas hacerlo…”
“Te veo pasado mañana?”
“Claro, nos vemos entonces…”
“Deseaba que llegase este momento…”
“Pues ahora ya vivimos en el…”
La beso de nuevo, y noto intensamente su abrazo.
Dentro de su portería, veo como se despide y desaparece.
Me doy medía vuelta, y dejo todo aquello atrás.
Mientras la puerta todavía se cierra, sonrío al ver, como esta vez, los dos, estuvimos donde queríamos estar.
Regreso a casa, no tengo sueño, ni ganas de dormir, Ernesto ha pasado la noche allí, todo está revuelto, la mesa movida, la ropa tirada por el suelo. Por un momento pensé que el piso, también había celebrado su fin de año.
Entro en la habitación donde el duerme, no ha pasado la noche solo, dos mujeres le acompañan en la cama, sonrío desde la puerta, y decido marcharme de nuevo, en otra ocasión le habría despertado, pero hoy no me apetece hacerlo.
Me detengo frente a la silla, donde descansa su pantalón, me compenso la situación cogiéndole algo de dinero de su maltrecha cartera.
Mi teléfono suena, es un mensaje de Lara…
“ Feliz Año, espero que hayas disfrutado de la noche, quieres que comamos juntos?”
La ciudad está totalmente desierta, por un momento mi mente decide creer que soy el único habitante que conserva este extraño planeta, no es la primera vez que me siento así, muchas veces he creído vivir de esa manera.
Vagones vacíos, pasillos muertos, todo está cerrado, el rastro de la noche recorre cada uno de mis pasos.
Solo algunos barrenderos despertaron hoy, o quizás jamás descansaron.
Escucho voces al otro lado de la esquina, no se a quien deben pertenecer, me acerco hasta allí y veo que sus dueños juegan a futbol en una pequeña plaza medio derruida.
La barandilla separa a los que sólo miran, de los que juegan como si fuese el partido más importante de sus vidas.
Apenas tendrán más de 10 años. Para ellos no existen finales, ni principios, para ellos el año no es un recorrido, y la vida no empieza un Lunes, y no acaba un Domingo.
Cuando era un niño, jugaba sin miedo a jugar, sólo tenía miedo a dejar de hacerlo.
Pierdo la mirada en el suelo, pero un balonazo contra la valla, me hace recuperar el sentido.
“Puedo jugar?”
“Tu?
“Bueno,…nos falta uno…”
“Ya no…”
Entro al campo, desde ese momento, también para mí será el partido más importante de mi vida.
Al principio apenas recibo balones, pero es que aquí hay que seguirlos.
Mi primer disparo apenas a rozado el palo, no se desesperan, ni me critican, me miran y me sonríen, la confianza suficiente, como para saber que la próxima ira dentro.
Recibo un pase, y le devuelvo el balón al que me dio entrada a este partido.
Gol!
Se abraza a mi, lo conseguimos, lo levanto del suelo y alza uno de sus brazos, sin duda aquél es el sentido, la alegría de ser niño.
Al final perdimos, pero no nos importo hacerlo, lo que importa en estos casos, es que nos reunimos, y hasta que crezcamos, siempre habrá partidos, y el pensamiento es claro, el partido que importa, es en el que vivo.
“Volverás otro día?”
“…”
“Claro…porque no?”
Hacía tiempo que no corría, no recordaba lo que era cansarse, ni cual era el motivo.
Ya es casi mediodía, y todavía no he respondido a Lara. La verdad es que creo que comeré solo, prefiero hacerlo hoy, le invitaré a algo después,
La noche me ha hecho sentir de nuevo, que hoy mi sonrisa, es el lugar en el que vivo.
El camino es caprichoso, y me acerca hasta donde deje mi moto, hace unas horas estuve aquí, en este mismo lugar, los nervios me devoraban, la situación me estrechaba entre sus brazos, y pensé que me destrozaría, sin poder hacer nada.
Ahora me detengo delante de ella, y sonrío al recordar, lo que ocurrió de verdad.
Hay un pequeño bar al otro lado de la calle, decido entrar, no hay mucha gente, la suficiente como para no sentirme solo.
Los pocos que hay, parecen piezas del mismo bar, sus vidas solo tienen sentido allí, de alguna manera, son los mismos niños de antes, pero atrapados en el deseo del ayer.
En la necesidad de volver.
Ernesto me está llamado al móvil.
“Dime…”
“Oye, tu me has cogido dinero?”
“Yo, que va…”
“Ando un poco jodido…”
“Y eso…”
“Pues que…”
“Que?”
“Que tengo unas putas aquí, y no se como pagarlas…”
“Vaya…”
“Pues no puedo ayudarte ahora, no estoy en Barcelona…”
“Joder,…bueno, veremos lo que hago…”
Me río, y sigo comiendo, creo que al final, se la devolví.
Hace viento, demasiado tal vez, la calle forma un camino de hojas, esparcidas por el soplar de ese soberbio caballero.
Algunos pequeños resquicios de Sol, consiguen vencer en un combate desigual.
Uno de los bancos del paseo, parece el mayor de los vencedores, el astro rey ha decido descansar sobre el, y yo creo que le acompañaré.
Mientras, decido contestar a Lara…
“Nos vemos a eso de las 18 en Urquinaona. Yo invito”
Hoy la moto dormirá aquí, al igual que yo sobre este banco, durante un instante.
Cojo el metro y llego a la parada en la que quedamos, allí veo como Lara está esperando.
“Tienes buena cara, pensaba que la tendrías medio descompuesta…”
“Estoy acostumbrado a no dormir mucho…”
Caminamos, hablamos de lo que fue la noche para nosotros, tal vez estoy menos tenso, el motivo es obvio, y finalmente se lo cuento, le explico lo que sucedió con María, se alegra, me detiene y me abraza, bajo la cabeza y le doy las gracias, por un momento, regrese al momento, en el que vivimos antes de que marchara.
Entramos en una cafetería, sofás, madera, y poca gente en cada rincón.
Ella me explica, que hace unos días que mantiene un acercamiento, con un chico que vive cerca del piso de sus padres, poca cosa más me dice de el, pero parece feliz, y es suficiente para alegrarme de que sea así.
“Te interesa?”
“Si, es muy guapo…”
“Y tiene algo más?”
“Bueno, no le conozco del todo, pero parece muy agradable…”
“Lo intentarás?”
“Me gustaría hacerlo…”
“Hazlo entonces…”
Charlamos y la tarde se convierte en un segundo, la distancia sigue existiendo entre nosotros, la amistad sabe de sobras, que no nos guardará un sitio, pero eso no evitará, que nos acerquemos, que convivamos, o que coincidamos en algún momento.
Nos despedimos, y hablamos de volver a vernos.
Empiezo a estar cansado, la noche pide paso, y no soy tan duro como me temía, ni tanto como me sentía.
Regreso a casa, Ernesto está recogiendo.
“No me lo puedo creer…”
“Tu recogiendo…”
“Recogiendo? Chico, parece que no me conoces,…”
“Estaba buscando mi dinero…”
“Pues ya me lo he gastado…”
“Que? Maldito crío…”
“Has aprendido bien de mi…”
“Como has pagado al final?”
“Les he dado tu DVD a cambio…”
“Qué?”
“Jaja, no, sólo el Ipod…”
“…”
“La verdad es que me inventado lo imposible para que me creyesen, y al final creo que lo han hecho, les he dicho que está semana las volveré a llamar, y que les pagaré intereses…les he dado 5 euros que me quedaban,…”
“Y te han creído?”
“Por lo menos se han ido y les he dado de desayunar…”
“No piensas hacerlo, no?”
“Claro que si, como osas dudar de mi…”
Cenamos algo ligero, y finalmente caigo rendido.
La mañana siguiente no comienza prácticamente hasta el mediodía, y lo hace con un mensaje de María.
“Sabes las ganas que tengo de verte? 17h Metro de Fontana. Improvisamos!”
Es una estupidez, pero ahora que rompimos esa barrera, que quedaba para unirnos, me siento más inseguro, a la hora de prepararme antes de salir. Me doy cuenta frente al espejo, sonrío pensando en lo que me sucede, y finalmente me convenzo de todo ello.
Me noto nervioso desde que las puertas del metro se cierran, y continúo estándolo, una vez se abren para dejarme allí.
El pensar en volver a besar sus labios, a momentos me tranquiliza, y a momentos acentúa el nerviosismo.
Abandono el vagón entre una multitud de gente, parece que el sentir del fin de año, ha pasado, y ha dejado de nuevo sitio al agobio y a la ansiedad.
Aunque todavía, no con la intensidad que acostumbra a tener.
Consigo verla, pero ella todavía no sabe que estoy allí, la situación perfecta, para empezar un juego.
Le pido a una chica, que camina tranquilamente por allí, que me ayude con algo. Y decide hacerlo. Es sencillo, sólo debe acercarse por detrás, y taparle los ojos con las manos. Ella pensará que soy yo, es entonces cuando me situaré frente a ella, escuchando todo lo que dice, y pidiéndole a la chica, que finalmente se destape.
Y así lo hacemos.
“Te estaba esperando…”
“Estaba nerviosa, porque te estabas retrasando…”
“Déjame verte….”
Le hago una pequeña señal a la chica, para que le destape los ojos.
Su cara es la definición perfecta de sorpresa, aunque dura poco, rápidamente se gira para ver a quien tiene detrás. La otra chica sonríe, se lo agradezco, y se pierde de nuevo por el camino.
María baja la cabeza con una sonrisa de inocencia, yo se la levanto, y la beso.
“Eres imbécil…”
“Claro, pero ya lo sabías, no?”
“Si,…y la verdad es que prefiero tenerte imbécil, a no tenerte…”
“Jaja…”
“Sabes? Es lo más bonito que me han dicho nunca…”
Comenzamos a seguir un camino, que ninguno de los dos tiene decidido, coincidimos entonces en el verbo, que tantas otras veces nos ha unido, improvisar.
Bajamos por la calle gran de Gracia, hablamos, reímos, no hemos dejado de hacerlo desde que nos conocemos.
“Espera, entramos aquí un momento”
Es una pequeña tienda donde venden complementos de todo tipo a un precio muy bajo.
“El otro día perdí uno de mis anillos, y me gustaría comprarme alguno, no me acostumbro a ver mi dedo desnudo…”
“…”
“Este me gusta…”
“15€?”
“Ni de coña…”
“A mi me gusta…”
“Pero es demasiado caro…”
Seguimos mirando cada uno por su lado, hasta que decidimos salir de allí, sin comprar absolutamente nada.
Ponemos rumbo a ninguna parte, y nos perdemos de nuevo, en la tranquilidad de saber, que el otro está a nuestro lado.
Nos detenemos en una pequeña tienda de ropa, e iniciamos un nuevo juego.
Ambos elegimos entre los maniquís que tiene el sitio, y decidimos dentro de cual veríamos al otro, luego vemos si acertamos o no.
Gané, pero por muy poco.
Decidimos seguir caminando, pero al poco tiempo se detiene, se planta frente a mi, y me sonríe.
“Que sucede?”
“Mira tu bolsillo”
“No hay nada…”
“El otro…”
Mi mano busca dentro, hasta que logra encontrarlo, entonces levanto la cabeza lentamente y sonrío.
“No me lo puedo creer…”
“Tenías razón, 15 euros era demasiado…”
Nos perdemos entonces en un intenso abrazo.
Jamás me la imagine robando, y mucho menos lográndolo, pero parce que no es lo primera vez que lo hace, quizás me tenga que dar algún repaso.
Cojo su mano, y veo como aquella pulsera sigue en su brazo.
El tiempo se me escurre entre los dedos, cuando estoy con ella, parece que el reloj decide doblar su velocidad, para que el momento me ofrezca menos rato.
Llegamos a una de las calles más vivas de Barcelona, no hace muchas semanas, vi como Ernesto se paseaba completamente desnudo por aquí, hoy el recuerdo cambia, aunque no se olvida.
Decidimos entrar en uno de los pedazos del paseo.
Aparentemente sólo es una enorme tienda de ropa, pero siento lo mismo que sentí al entrar la otra noche en aquella discoteca. Luces, música, cuerpos con vida y cuerpos estáticos, no creo que haya tanta diferencia, salvo que las caras se ven a simple vista.
Si me quedase alguna consumición, la gastaría.
“Quieres que juguemos?”
“Claro…”
“Te acuerdas de mi sombrero?”
“Si, lo recuerdo…”
“Y recuerdas del juego?”
“Si…”
“Pues tres prendas con las que me verías, y tres con las que desearía no hacerlo…”
“Vale…”
“No vemos aquí en 10 minutos…”
“Me sobran 6…”
Rebusco por toda la tienda, disfruto en toda aquella gran representación de superficialidad hueca, que para mi fue en otro tiempo, hoy simplemente, y gracias a ella, la veo como la posibilidad de un juego.
Jamás pensé divertirme tanto aquí dentro.
Soy muy torpe, eso no lo he perdido, soy especialista en que por colgar mal una camisa, se me caiga toda la fila.
“Tienes todo?”
“Si…”
“Pues vayamos al probador…”
Cogemos nuestras prendas y nos dirigimos a unos de los probadores, allí es donde continua el juego. Amontonamos toda esa ropa, en uno de esas cabinas de madera, y comenzamos a vestirnos con todo ello.
No podemos dejar de reírnos, viendo en lo que nos convertimos.
“No me gustan como te quedan los cuadros de esa camisa…”
“No me veo tan mal, no?”
“Mejor…quítatela…”
Nuestros ojos se cruzan entonces, y el momento nos convence, perdemos el miedo, y olvidamos el riesgo, durante un destello, el morbo recibe un cuerpo, y la excitación se camufla en silencio.
Aunque finalmente la delgada cortina, nos hace replantearnos el juego.
“Será mejor que salgamos…”
“Si, pero ponte tu camisa, que esa no era la que traías…”
“Hostia…”
Llovía, no era demasiado, pero parecía que la intensidad aumentaba a medida que bajábamos. No llevaba paraguas, jamás llevo uno encima, por el bien de los dos, ella no se parece a mi en aquello.
Seguimos caminando, la lluvia no era suficiente como para detenernos.
Al contario, el rugir de la tormenta cuando se aproxima, y el golpeo de las gotas convirtiéndose en cálidos sonidos, nos acercaba más todavía.
“Con que combinarías la lluvia?”
“Con que la combinaría?”
“Si…con que la acompañarías…”
“…”
“Con…el olor a leña”
“…”
“Necesito besarte…”
La intensidad del momento, despertó la fuerza con la que el agua se precipitaba contra el suelo, decidimos que había llegado el momento de regresar a casa.
Nos encontrábamos al final del camino, y la única boca de entrada quedaba a unos metros.
Entonces se detuvo delante de mío.
“Te gusta la lluvia, no?”
“No lo hagas…”
Su sonrisa la delataba. Acto seguido cerró el paraguas y comenzó a correr por todo aquel paseo.
Me quedé quieto un segundo, viendo como jugaba, sintiendo como el agua empapaba mi cuerpo.
Hasta que decidí hacerlo, me puse a correr detrás de ella, y conseguí detenerla.
“Ahora juego yo…”
Cogí con mis mojadas manos su pequeña cara, y la besé.
“Y ahora corre antes de que sea demasiado tarde…”
Nos metimos en el metro, el agua resbalaba por todo nuestro cuerpo, apenas teníamos hueco.
La gente nos miraba al entrar en el vagón, y nos dejaba libre todo un sitio para los dos.
Nosotros respondíamos a esas miradas, con un gentil saludo y la mejor de nuestras sonrisas.
Finalmente regresamos a casa, y entramos dentro de su portería.
“Quieres subir, y cambiarte de ropa?”
“O al menos secarte?…”
“No ya apenas llueve,…volveré a casa y ya me desharé de todo este agua…”
“Estoy deseando volver a verte…”
“Puedo hacerlo mañana?”
“Mañana no puedo…”
“Pero un día de esta semana vendré a por ti, y volveremos a perdernos…”
“Vale, esperaré hasta entonces…”
La lluvia había dejado de caer, supongo que se rindió al ver, que no me podía mojar más. Dejé su portería entonces, y emprendí el camino a casa.
Cada una de las gotas que cae por mi cara, me regala una sonrisa, sin necesidad de palabras.
Hace ya prácticamente un mes, que nos vemos con asiduidad, y todavía sigo sorprendiéndome con lo que es capaz de enseñarme, y con lo que es capaz de hacerme sentir.
Creo que una relación es eso, y por lo tanto la vida lo acaba siendo también.
Aprender, sentir, sorprenderse, cualquier día de nuestra vida, deberá tenerlo, sino, no lo habremos vivido jamás.
Recuerdo que hace tiempo, le dije que nos veía como un puzzle de dos piezas, donde uno era el hueco, y el otro la forma.
Hoy puedo ver el dibujo que hay sobre nosotros. Y es una enorme sonrisa.
Hace sólo un par de días, que regresó a las clases de la universidad, por eso creo, que es justo que nos regalemos un bonito recuerdo.
Decido acercarme hasta allí, siempre me siento extraño cuando entro en este gigantesco edificio, se supone que aquí dentro se forman miles de vidas, cientos de supuestos conocimientos, para quien los necesita.
Aunque creo que pocos, saldrán sabiendo quien son todavía.
Me encanta el pequeño patio, que se encuentra donde desembocan los pasillos.
Tiene una minúscula fuente en medio, y unos pocos bancos de piedra, protegidos por unos extraños limoneros.
Por unos segundos, el aroma del café me abraza, y me siento con la responsabilidad de entrar en la cafetería.
Pero aquello, no es lo que me ha llevado hoy aquí, ni siquiera es el camino que debo seguir.
El mío me acerca hasta el aula número 1, donde María acabará una de sus clases, en tan sólo unos segundos.
Me detengo no muy lejos, con la suficiente distancia, como para que no pueda verme, pero si pueda controlar cuando sale al fin.
La multitud empieza a darle vida a ese pasillo, y yo espero a que ella aparezca en escena. Hasta que finalmente lo hace.
Sale con dos compañeras más, ella queda en medio de ambas.
Las sigo sin que lo perciban, y si el camino continúa sobre el guión establecido, acabaremos en el aula 8, donde nos encontraremos, y donde finalizará su día.
Espero algunos minutos, hasta que la otra clase comienza, estoy apartado de todo, y no es capaz de verme desde allí.
El tiempo parece que viene a buscarlos, y todos deciden entrar en sus correspondientes aulas.
Yo hago lo mismo, y me las apaño, para entrar sin que lo aprecie, aprovechando la marabunta de gente que comparte conmigo idea, al mismo tiempo.
Ella se sienta en las primeras filas, concretamente en la tercera, yo tres más atrás, en la parte derecha.
Todo sigue su curso, y de momento nadie ha decidido estropear el recuerdo.
La gente ocupa sus puestos, y el profesor de turno entra dispuesto a llevar su trabajo, hasta el último de los segundos.
Todo parece haber comenzado.
“Perdona tienes una hoja?”
“Si, ten…”
“Gracias…”
“…”
“Y un boli?”
“Joder, no tenías pensado venir, no? jaja”
“No, se me ocurrió hace un momento…”
Dibujo garabatos en la hoja, y veo como el tiempo se mueve, esperando a que yo encuentre en el, el resquicio para colarme, y plantar de nuevo una manera de volver.
Y aparece, como lo hace siempre.
Arranco un pedazo de hoja, y escribo en el, algo para María
“Quieres comer conmigo?”
Se lo entrego a una de las chicas que tengo delante, y le pido que lo lleven hasta ella. Hasta que así ocurre, ella recopila apuntes sin apenas percatarse, y deja el papel arrugado encima de la mesa.
Poco después, lo alisa, y lo lee.
Veo desde mi posición como se gira, y como me mira sorprendida, no se lo puede creer.
Le saludo, y le hago un gesto, pidiéndole una respuesta.
Ella apunta con su dedo índice que tal vez estoy algo loco, yo me limito a señalarla, y a decirle que es cierto, pero por ella.
Veo como escribe, y como le devuelve el papel a quien se lo hizo llegar. Hasta que después de algunas paradas, acaba llegando hasta mi.
Sonrío ante la respuesta y decido que mi etapa universitaria, ha finalizado.
“Perdona, donde vas?”
“…”
“Dejo los estudios…”
“Como?”
“Este no es mi sitio, me acabo de dar cuenta…”
“No me suenas…”
“Ahora si…”
Abandono la clase, no imagino lo que queda dentro, decido perderme entre la inmensidad de aquel edificio, y ver como el tiempo se consume, hasta que nos vuelva a dejar juntos.
Mientras, me asomo en algunas aulas, y aprovecho para leer todas las pintadas que hay en el baño, algunas tan absurdas como intrigantes.
“Si te sientas, te follo”
Hasta que finalmente me acerco a uno de los bancos, que quedan en la plaza más cercana a su aula.
Faltan apenas diez minutos, para que salga.
Mi móvil suena, es Jorge.
“Ei dime!”
“Hola…”
“Donde estás?”
“Pues ahora mismo en la universidad de María…”
“Puedes venir?”
“Que pasa?”
“Mi hermana,…ha tenido un accidente de tráfico, y…ha muerto”
“Que!!?”
“…”
“Estás en el hospital?”
“Si, en Vall d’Hebrón…”
“No te muevas…en seguida voy para allí…”
“…”
“No tardes…por favor…”
“No te preocupes…”
En ese mismo instante, alguien me abraza por detrás, es María.
“Tengo que marcharme…”
“Y eso?”
“La hermana de un amigo…”
“Que?”
“Ha muerto…”
“Y tengo que ir allí…”
“Lo entiendo, no te preocupes…”
“Si necesitas algo, dímelo…”
Me marcho tan rápido como puedo, cojo la moto prácticamente temblando, y salgo hacía el hospital sin pensar más que en llegar.
El agobio se apodera de mi, y mi cabeza parece haber activado el sistema de alerta, son tantas imágenes las que se me cruzan, tantos recuerdos, sensaciones, emociones, la intensidad con la que se mezcla todo, convierte la situación en dolor.
Un dolor que me bloquea en algunos semáforos, y sólo el sonido de algún claxon, consigue despertarme.
Finalmente llego, le pregunto exactamente donde se encuentra, y subo todo lo deprisa que puedo, entro en el ascensor poco antes de que las puertas se cierren.
Salgo de allí, antes de que se abran del todo, y corro entre la gente hasta donde me dijo que estaría, lo veo, al final del pasillo, sentado en una de las sillas, con la mirada perdida, es entonces cuando me detengo, y no consigo moverme, esa imagen, la situación me oprime y prácticamente no me deja avanzar.
El levanta la cabeza y me ve, se acerca, y me abraza sin decir nada.
En ese momento, mi corazón y mi cuerpo, parecen desmontarse en mil pedazos, siento todo ese dolor en mí, y sólo puedo cerrar los ojos.
Durantes esos treinta segundos, el mundo deja de funcionar, y la vida sólo existe, entre nuestros brazos.
“Te llame a ti, porque eres el amigo más cercano que tengo, y porque se todo lo que tu has pasado…”
“No te preocupes, estoy contigo para lo que necesites…”
“…”
“Podemos salir de aquí e ir a dar un paseo…”
“Claro…”
Bajamos hacía la puerta, y salimos del hospital, es entonces cuando pienso en algo, y decido darle una oportunidad a ese pensamiento.
“Necesito salir lejos de aquí,… ir para casa tranquilamente y desaparecer…”
“Ten, ponte este casco…”
“Como que llevas dos? “
“Uno era para María, pero ahora es para ti…”
“Me acercas a casa?”
“No, todavía no…”
No muy lejos del hospital, se encuentra Torre Baró, un pequeño castillo, sobre una montaña, desde donde la ciudad queda a los pies.
Decido subirlo hasta allí, y sentarnos sobre todo aquél marco.
“Ahora todo queda ahí abajo…”
“No hay nada de lo que preocuparse…”
“Jamás había subido aquí…”
“Merece la pena hacerlo…”
“…”
“Que pequeño parece todo…”
“Y es que en realidad lo es…”
“Piénsalo,… aquí debajo hay más de un millón de vidas, todas deben de estar haciendo algo,…cuando estás en medio,…todo parece tan grande, y sin embargo,…cuando te alejas un poco, ves realmente cual es su tamaño…”
“Somos insignificantes…”
“Algunos si…”
“Pero otros le dais sentido a todo esto…”
“Ahora mismo, no creo que sea nada…”
“Ahora mismo es cuando lo eres todo…”
“…”
“Eres sentimiento puro…”
“Sabes cuantos viven sin ello?”
“…”
“Eres enorme,…y sino, piensa porque te quedan todos ellos debajo?…”
“Jaja…”
“…”
“Gracias Miguel, necesitaba evadirme, y alejarme un poco de todo aquello…”
“Estoy contigo, cuando me necesites, no pienso dejarte…”
Salimos de allí, y me pide que lo deje en casa, necesita descansar.
“Búscame para cualquier cosa, a la hora que sea…”
“Gracias, ahora necesito dormir un poco, me he pasado toda la noche despierto, y necesito descansar…”
Nos abrazamos una vez más, y nos despedimos. Regresé a casa, yo también necesitaba relajarme, y olvidar todo lo que estaba sucediendo.
Ernesto no está, y no tengo apenas hambre, me estiro sobre la cama, y comienzo a notarme ansioso, conozco esta sensación, hace tiempo que me presentaron los síntomas, y se que voz tiene esta maldita enfermedad.
Noto como mi cuerpo se dispara, y como pierdo el control, me levanto y busco entre los cajones aquellas pastillas, que hace tiempo que dejé de tomar, finalmente las encuentro y me trago una.
Regreso a la cama, y trato de descansar.
La primera vez que me enfrenté a ella, pensaba que me iba a matar. Sentía que me devoraba, y no sabía lo que me iba a pasar.
La ansiedad es como una broma muy pesada, como si la muerte se presentara, te dijese que llego tu momento, y cuando te tuviese convencido de ello, te sonriera y te dijese que sólo estaba bromeando.
Consigo relajarme, pero las imágenes regresan a mi cabeza, de nuevo veo a mis padres.
Murieron en un accidente de tráfico, y todo esto me ha hecho volver a sentirme lejos de ellos.
He vuelto a notar como los perdía.
Poco a poco me quedo dormido, hasta que finalmente lo acabo haciendo.
La luz, y el sonido del móvil, acaban sacándome de aquel profundo sueño.
Es María, pero no tengo fuerzas para cogerlo. Pongo el móvil en silencio, y acabo pasando todo el día metido aquí dentro
Los siguientes comparten guión, no tengo ánimo como para salir de ella, y menos para encontrarme con alguien.
Ernesto trata de localizar las palabras que me hagan reaccionar, pero es difícil hacerlo, y sabe que entonces, no debe insistir ya, que levantarme es cosa mía una vez más.
Recupero los ánimos, y comienzo a darle una oportunidad al día, salgo a perderme entre las calles, soy capaz de escuchar algunas canciones, y el apetito vuelve a tener parte en la rutina.
Uno de esos días, al regresar a casa, Ernesto dice tener algo para mí.
“Antes, han picado, y han dejado esta caja detrás de la puerta…”
“Pero cuando he salido, ya no había nadie…”
“No la has abierto?”
“No…”
“Pone tu nombre, te pertenece a ti hacerlo…”
Abro la caja, y veo lo que hay dentro, es una camisa de cuadros. La que me probé en aquella tienda, dentro del bolsillo, una nota.
“Te queda genial. Te mentí”
Cada vez que el mundo estalla, nace una oportunidad.
Cuando todo se descompone, cuando el suelo está lleno de pedazos, cuando la historia se convierte en un punto final, cuando algo muere, cuando esa sensación aparece, es cuando una oportunidad se cruza ante nosotros, y no debemos pensar donde nos llevará, o si nos acompañará mucho más allá, simplemente debemos cogernos a ella, y dejar todo atrás.
Llevo creyéndolo, desde que recuerdo quien soy, y cuando lo olvido, me aferro a ese destello que me atraviesa, al quedarme quieto.
Esta vez, volvió a pasar.
Pero no fue al recibir aquella camisa, fue poco después, a medianoche, cuando me levanté y me detuve frente al espejo del baño.
No sé ni como ni porque aquel lápiz de ojos apareció sobre el lavamanos.
Aunque intuyo que Ernesto sabe mucho más que yo de todo eso.
Lo que si se, es lo que supuso para mi encontrarlo.
Porque lo hice?
No lo sé, pero me perfilé los ojos sin pensarlo.
Jamás lo había hecho, ni había pensado hacerlo, sin embargo al alzar la cabeza, vi aquella imagen al otro lado del espejo, y tras unos segundos en los que todo parecía haber muerto, comencé a reír, a estallar, y fue entonces, y sólo entonces, cuando me subí sobre aquella oportunidad.
Una vez más, una vez más lo había logrado, había resistido, y pienso seguir haciéndolo, hasta que la vida decida, que llegó el momento de terminar.
Me desperté al fin, después de haber descansado lo suficiente.
El entierro de Silvia, la hermana de Jorge, se produjo hace unos días, la lluvia impidió que la ceremonia, se convirtiese en la despedida que merecía. Por eso su familia pensó, que debía celebrar un pequeño encuentro, que serviría como adiós.
El lugar sería el mismo que se escogió para el entierro.
Me cuesta mucho enfrentarme a estas situaciones, son demasiadas las veces que me he visto en ellas, aunque hoy me siento lo suficientemente fuerte, como para levantar la cabeza, sin esconderme del cielo.
El pequeño cementerio donde se celebraría el encuentro, era un precioso lugar, situado en medio de un alejado bosque.
Habría un centenar de tumbas, distribuidas con la suficiente distancia, como para que la intimidad no se apartase del hecho.
Me acompañaba Lara, se ofreció cuando le expliqué el motivo, por el que llegaría un poco tarde a nuestra comida. Me ayudó tenerla cerca.
El suelo prácticamente quedaba escondido bajo la cantidad de hojas que dormían encima, la gente en pie, se situaba frente a quien Dios había destinado para esta despedida, obviamente el no pudo venir al acto.
Nos separamos un poco de las primeras filas, y tratamos de escuchar las palabras que hasta nosotros venían. Todavía llegaba gente, entre ellos Jaime.
“Hostia…”
“Qué?”
“Es el…”
“Quien?”
“Jaime…”
“Lo conoces?”
“Si, es el chico del que te hablé…”
“El!?
“Si…”
“…”
“Es amigo tuyo?”
“No,…conocido más bien…”
“Y de Jorge?”
“De Jorge no lo sé…”
“…”
“De que te ríes?”
“Nada, la vida, que se lo pasa bien…”
Jaime se situó al otro extremo, donde no podía vernos, y desde donde desconocía, que Lara se encontraba allí.
La ceremonia duró apenas media hora, hasta que finalmente la armonía se disperso, y cada uno decidió marcharse lentamente. Lara se acercó a Jaime, y estuvieron hablando unos minutos, parecía que existía complicidad entre ellos, aunque dudo que pueda existir entre el, y alguien más.
Me interesé por Jorge, y por como se encontraba.
“Ha sido realmente bonito…”
“Gracias…”
“Estás mejor?”
“Si, si,…poco a poco asimilo la situación…”
“Oye, quien es?
“Quien?”
“Ella…”
“Ah,…Lara…la vecina de la que te hablé”
“La que regresó de Alemania?…”
“Si…”
“Y de que conoce a Jaime?”
“Una absurda historia…”
Jorge regresó con los suyos, y yo encaminé mis pasos hacía la salida, Lara hablaba por teléfono, y fue entonces cuando la mano de Jaime aprovechó para posarse sobre mi hombro.
“Ei, no te había visto…”
“Yo tampoco…”
“Oye, no sabía que conocías a Lara…”
“Ni yo que tu también lo hacías…”
“Que casualidad…”
“Si,…tiene que ser eso…”
“…”
“Ya hablaremos!…”
“Seguro…”
Tenía prisa, o eso parecía, aunque sinceramente creo, que no sabía que más decirme.
Lara regresó conmigo, y ambos decidimos ir a comer.
Un pequeño bar, no muy lejano, parecía el sitio ideal.
Allí hablamos sobre la supuesta coincidencia, y entre risas nos encontramos un poco más.
Después ella se marchó, y yo regresé a casa con algo en mente.
Necesitaba reinventarme, necesitaba aprovechar está nueva corriente a la que había conseguido subirme y llegar hasta donde me permitiese.
Obviamente no me había olvidado de María, así que decidí ir a buscarla, no sin antes sonreír, al imaginar la reacción de Jorge, tras haber encontrado unos billetes para Roma en uno de sus bolsillos.
Me detuve un momento en mi camino y decidí llamarla.
“Hola!”
“Como estás?”
“Bien, mucho mejor…”
“Llevo tu regalo encima…”
“Si?”
“Te sienta genial…”
“Como lo sabes?”
“Porque te vi…”
“A mi me gustaría verte…”
“Si!!!?”
“Estoy viendo una peli en casa…”
“Me visto en un momento y me acerco donde sea…”
“Con que bajes a tu puerta me basta…”
“Estás aquí debajo?”
“Claro…”
La esperé durante unos veinte minutos, hasta que la puerta se abrió para mostrármela de nuevo.
“Estás muy guapa…”
“Casi no he tenido tiempo,…ha sido muy precipitado…”
“Hablas mucho y besas poco…”
“Eso es mío…”
“Ahora ya no…”
Ambos nos subimos a la moto, y salimos de allí. Me detengo en una de las calles por las que pasamos, y le explico lo que tenía pensado hacer.
“Bueno, ya conoces el plan, no?”
“Sabes perfectamente que no es así…”
“Hoy duermes conmigo…”
“Que?”
“Hoy duermes conmigo…”
“Eso ya lo entendí,…pero no me habías dicho nada!…”
“Ahora si…”
“Pero no he cogido las cosas, y tendré que avisar, y…”
“Y…y….y….”
“Y nada más,…quieres que despertemos juntos?”
“Claro…”
“Pues entonces agárrate, que aún queda un largo camino…”
Nos detuvimos cerca del pequeño restaurante italiano, al que la lleve al poco de conocernos, allí cogimos un par de piadinas, y decidimos acercarnos a una de las playas que quedaba a escasos metros.
“Te dije que volvería…”
“Y yo te dije que volveríamos…”
Cenamos sentados, sobre la pirámide de cuerdas que hay sobre la arena. Desde allí teníamos una vista privilegiada de la silueta que el mar le ofrecía a la ciudad.
Anochecía, la luna ocupaba un sitio merecido, y la vida parecía haber desplegado el mejor de sus vestidos.
“Sabes, tengo algo en mente…”
“El que…”
“Siempre he querido dedicarme a la música, o a escribir al menos…”
“Y porque no lo has hecho?…”
“Porque no vi pasar la oportunidad…”
“Ya hora la has visto?”
“Ahora estoy sobre ella…”
“…”
“Puedo ser tu groupie?”
“Claro, incluso te dedicaré una canción…”
“Si?”
“De hecho ya lo hice…”
“Tienes canciones escritas?”
“Tengo miles de letras…”
“Las podré ver?”
“Hoy mismo…”
Llegamos a casa poco antes de las doce, Ernesto no está, así que durante unos días, la casa vuelve a tener un único dueño.
“Espera…”
“No entres todavía…”
Me avancé unos metros, y conseguí que no viese nada, de lo que le esperaba dentro.
Todo estaba listo, así que sólo quedaba empezar.
Salí de allí y me acerqué hasta ella, la sonreí, y me devolvió la sonrisa, después la besé, le vendé los ojos, y volví a hacerlo.
Quieta en el rellano, desconocía lo que le esperaba dentro, cogí su mano y la guié hasta la puerta, allí la oscuridad habitaba en el interior de aquél pequeño mundo improvisado.
Fue entonces cuando liberé su vista.
“Ahora te toca a ti…”
Me miro, sonrío, y entró directamente en aquel camino de velas que la conducía por el interior de la casa, comenzaba a sonar entonces Message in the botlle, la pista que necesitaba, para llegar al final de todo aquello.
Avanzaba muy lentamente, sólo la luz del consumir de las velas, la llevaba a través de todas aquellas sensaciones.
Giraba su cabeza para buscarme, y rápidamente la dirigía de nuevo hacía todo aquel paseo en llamas.
Finalmente se detuvo frente al círculo que encerraban unas pocas velas, allí había una antigua caja de madera, se agachó, la cogió entre sus manos, sonrío antes de hacerlo, y la abrió.
Dentro había una pequeña botella de cristal, en el interior se apreciaba un trozo de papel, destapó el tapón de corcho, y liberó como pudo aquel pedazo de pista.
Después, lo leyó.
“Tu tesoro es mi sonrisa”
Liberó entonces de nuevo su hoyuelo, pero ahí no acababa el juego, así se lo hice saber cuando trataba de acercarse, fue entonces cuando se percato, de que algo había escrito en el corcho.
“La habitación de en frente”
Me miró, dejó la botella de nuevo en el circulo, y se dirigió hacía allí. Aquella es una pequeña habitación, que utilizo normalmente para guardar cualquier cosa a la que no le doy uso, pero donde ahora mismo no había nada, absolutamente nada, hasta hoy, claro.
Volvió a detenerse frente a la puerta, de fondo seguía sonando aquella canción de Police, y finalmente la abrió.
Aprender, sentir, sorprenderse.
Sorprenderse una vez más.
Así fue.
Mi cuerpo siente como su reacción se apodera de mí, como sus gestos me trasmiten una fuerza intensa, como el ver que ambos construimos aquel momento único, hace que el mundo desaparezca, y que el tiempo, se siente a ver lo que tramamos.
La habitación estaba rodeada de pequeñas velas, que a su vez formaban un pequeño camino en el interior, un camino que llegaba hasta una enorme pared blanca, que hoy tenía un poco más de color, gracias al mensaje que en ella había formado.
“Y es que hoy todo lo que para mi tiene importancia, empieza por M”
“Mi vida”
“Mi muerte”
“Miguel”
” aría”
Faltaba una única letra, y aquella letra esperaba en un pequeño círculo iluminado frente a la pared y junto al camino, se acercó hasta allí, recogió la letra, y la puso para completar el mensaje.
“María”
Ahora ya nada la separaba de mi, lentamente caminó hacía donde me encontraba, nos miramos unos segundos, y sonreímos de nuevo antes de que nuestros labios volvieran a formar parte de la misma pieza.
Calor, pasión, intensidad.
Pero el juego no había terminado aquí.
“Espera…”
“Hay algo más…”
“Algo más todavía?”
“Como eres capaz de hacer todo esto?…”
“Tu me haces ser capaz…”
“…”
“Ahora tienes que desnudarte…”
“Desnudarme?…”
“Si, si quieres seguir jugando…”
Era el momento de cambiar de canción, y así lo hice, este disco, sólo tenía dos pistas, y la siguiente en empezar nos daría el ambiente que necesitaba el recuerdo.
The End, de los Doors.
Entramos en el baño, nos siguieron hasta allí las velas, la bañera estaba completamente llena, el agua mantenía la temperatura, y nos desnudamos.
“No se que decir…”
“Me siento fuera de la realidad…”
“No digas nada, es mucho más intenso…”
Nos introducimos dentro de la bañera, el agua comenzó a tragarnos, y la pieza que somos empezó a encajar de nuevo.
Apoyé mi cabeza sobre el respaldo, y ella la suya sobre mi pecho.
Tras de mi, y frente a ella, la luz con la que las velas dibujaban sobre el recuerdo.
“Ride the snake, ride the snake
To the lake, the ancient lake, baby
The snake is long, seven miles
Ride the snake…he’s old, and his skin is cold…”
La música se encargaba de trasportarnos, parecía que nos encontrábamos fuera de todo lo imaginado, en un pequeño espacio, donde los días no existen, donde el sol no tiene vida, donde la gente no nos necesita, alejados de la historia, en un punto sin final, ni sin partida, la voz de Jim Morrison nos convertía en parte de toda aquella sensación, sus ojos se cerraron, los míos permanecían todavía abiertos, conozco este trozo de la canción.
“Father…Yes son?
I want to kill you…
Mother,…I want to…”
La intensidad de todo aquello, no se parecía a nada de lo que podía recordar, sentí como jamás lo hice, y el fuego de las velas, y el rugido de la voz de Morrison parecían escribirlo así en mi memoria.
Finalmente la pasión nos abrazó, la canción sonó una y otra vez, y el recuerdo escribió hasta que sus ojos se abrieron a la mañana siguiente.
Me desperté antes que ella, y me quedé observando como dormía, hacía tanto tiempo que no lo hacía con nadie, ella continuaba inmersa en algún sueño, o tal vez en el simple descanso.
Yo, apoyado sobre la almohada, veía como despertaba.
“Me estabas…mirando…”
“Hmmm…”
“He dormido muy bien…”
“Es imposible no enamorarse de ti, viéndote dormir…”
“Miguel…”
“…”
“Desayunamos?”
“Si! Tengo algo de hambre…”
Nos levantamos y preparamos el desayuno, coincidimos en nuestra pasión por el aroma del café, a ambos nos transporta hasta un recuerdo similar, ahora compartimos el mismo.
“Aún pienso en todo lo que he vivido…”
“Ahora podemos recordarlo…”
“Eres diferente a todo lo que he conocido…”
“Sigamos conociéndonos pues…”
Una vez acabamos, nos dirigimos hacía la puerta, y en ese mismo instante entraba Ernesto.
“Vaya una chica…”
“Hola…soy Ernesto…”
“Que haces vestido así!?”
“Es navidad…”
“Estamos en Febrero…”
“Es que voy con retraso…”
“De donde has sacado ese traje de Papa Noel, está medio destrozado…”
“Un amigo…”
“Has estado viviendo con el?”
“Si, se puede decir que si…”
“Y me explicas que haces así?…”
“He estado,…celebrando mi Navidad…”
“Nos vamos,…ya me lo contarás…”
“Encantado María…”
“Como me conoces?”
No fuimos de allí, cogimos la moto, y nos acercamos hasta su casa.
“Te veo en unos días?”
“Claro!”
“Sea el día que sea, yo te espero en todos ellos…”
“Bien, te vendré a buscar pues…”
La puerta volvió a cerrarse, y me marché de allí, encendí el móvil, y vi como tenía un par de llamadas de un número que no conocía.
Antes de averiguarlo, me acerqué hasta la casa de Jorge, también él me había llamado, imagino que recibió mi regalo.
“Te he estado llamando, pero lo tenías apagado…”
“Ya, prácticamente no me quedaba batería…”
“Jaja…así que es verdad que nos vamos a Roma…”
“Claro, te lo dije…”
“Estás completamente loco…”
“No,…todavía soy el príncipe…”
“Quieres que salgamos un rato esta noche? A tomar algo…”
“Si, porque no…
Dejé a Jorge, y volví a subir al mismo sitio donde coincidimos hace tan solo unos días. Descolgué mis pies en el suelo, y vi desde la altura como aquella canción de los Doors, todavía resonaba junto a mi sonrisa.
Volvió a sonar mi móvil, era aquel número desconocido.
“Si?”
“Hola…Miguel?”
“Si, mira, soy Sergi, no creo que me conozcas, pero te vi una vez en el Bigger, aquella noche de improvisación…”
“Ah si, recuerdo la noche…”
“Se que esto,… quizás te parezca una locura, pero…me gusto mucho ese momento, no sé…me encantó…y pensaba en tal vez hacer algo juntos….”
“Algo? Como que?”
“No lo sé, música…encontrar una manera, un sonido…”
“Te interesa?”
“Si,…pero…déjame unos días, y te vuelvo a llamar…”
“Vale, perfecto, espero tu llamada entonces…”
“Adiós…”
“Adiós”
Regresó de nuevo la canción, ya en su final, justo cuando el ritmo aumenta al máximo, y la voz de Jim repite sus últimas palabras, era una oportunidad, y nació como nace todo, de lo desconocido.
Quedé con Jorge aquella misma noche, como hablamos, decidimos no salir muy lejos, así que finalmente nos quedamos tomando algo en el barrio.
“Y que es eso del grupo?”
“Nada, un chaval que me ha ofrecido intentar algo, ya sabes…ver si conectamos, y tratar de encontrar un sonido y demás…”
“Y que tienes pensado hacer?”
“No lo sé, por una parte es una oportunidad, pero no sé si tiene un futuro detrás…”
“Inténtalo, arrepiéntete después, pero al menos hazlo…”
“Tu crees?”
“Claro…porque no?”
Jorge acabó de convencerme, charlamos prácticamente durante dos horas, mientras ambos consumíamos aquellas cervezas en una de las mesas del local, le pregunté como estaba, y su manera de responder, me aseguraba que poco a poco dejaba atrás todo aquello.
Regresamos a casa. A la mañana siguiente, desperté y me preparé un tazón de cereales, me senté en el sofá, y vi lo que las noticias trataban de venderme, entre ellas una que estuvo a punto de ahogarme.
“No me jodas…”
La noticia hablaba, de un grupo de personas disfrazadas, que habían estado destrozando televisores, como acto de protesta, en plaza Cataluña.
Obviamente mi cabeza le encontró, y mis ojos le reconocieron entre aquellas imágenes.
Sin duda era el que llevaba la voz cantante.
Unos minutos después, Ernesto se despertó, y mientras se desperezaba, me dio algo parecido a los buenos días.
“Buenos días?”
“Que cojones hacías ayer aporreando televisores?”
“Como lo sabes?”
“Has salido en las noticias…”
“Si?…Vamos bien entonces…”
“Vamos bien?”
“De que cojones me hablas…?”
“Era un acto de protesta…”
“Contra qué? o contra quien?
“Contra la televisión y la jodida mierda que emiten…”
“Pero si tu mismo eres el primero que la ve…”
“El problema es lo que nos muestran, y como nos lo muestran…a saber como han contado la noticia en el informativo…”
“Y que pretendes hacer así?”
“Simplemente era un paso…”
Le dejo duchándose y me pongo en contacto con el chaval que me propuso la idea del ensayo.
“Hola?”
“Soy Miguel…”
“Eh, Miguel, dime…”
“Has pensado algo?”
“Si,…”
“Por eso te llamaba…”
“Me parece buena idea, creo que estaría bien intentarlo….”
“Pues te va bien comenzar esta misma tarde,…en mi piso?”
“Si, claro…”
“Seremos cuatro al final…”
“Ah, genial…”
Me da su dirección, y le doy vueltas al hecho de que quizás ha sido una buena idea, desde siempre he querido intentar algo así, me apasiona la música, hoy en día sé que no podría vivir sin ella, me protege, me cuida, me da alas cuando no puedo levantar el vuelo por mi mismo, siempre he deseado pedirle una oportunidad, y quizás esa oportunidad ha llegado.
Decido consumir la tarde, escribiendo algo en aquellas libretas, que tanto conocen de mí.
A eso de las seis, salgo de casa y me dirijo al metro, poco antes de entrar recibo un mensaje de Lara.
“Tengo que hablarte de algo…”
No contesto, la llamaré después. Camino entre las venas del metro, la gente te busca con los ojos, te juzgan rápido, sin apenas tener tiempo para mostrarte.
Muchos otros bajan la cabeza, parecen rendirse antes de enfrentarse, en una guerra que no existe.
Jamás bajaré la cabeza ante nadie, no es cuestión de orgullo, es simplemente creer que no existe motivo para esconderse.
Sigo la dirección que tengo anotada, y me planto frente a la supuesta portería, entro una vez me abren, y subo para arriba.
“Hola tío!”
“Que tal?”
“Bien…”
“Mira, este es Pablo…y este Iván…”
“Que pasa!?”
“Todo bien…”
“Si, genial…”
“Pues como ves aquí tenemos todo montado,…y te estábamos esperando… para empezar con algo…”
“Bueno,…pues habrá que hacerlo entonces…”
Empezamos a tocar, buscando un sonido, o un destello que nos haga seguirlo, nos dejamos llevar por el ritmo, e improvisamos pedazos, unidos por cada uno de los momentos de inspiración que nos une en todo ese recorrido.
Suena mejor de lo que pensaba, empezamos a arriesgar, a reír, y a imaginar, que tal vez esto nos lleve a algún lugar.
Me encargo de buscar palabras, letras, que le den sentido a toda esa melodía, en ocasiones consigo llegar a algún sitio donde jamás había estado, otras simplemente me pierdo y trato de regresar al punto inicial.
Después de poco menos de tres horas, cerramos nuestro primer encuentro, y quedamos para volver a vernos en no mucho tiempo.
“Eh tío, ha estado genial…”
“Esta semana volvemos a vernos…”
“Si, claro, seguimos intentándolo…”
Antes de salir, veo que tiene un pequeño spray en uno de los estantes de la habitación, se lo pido, mi mente encuentra un lugar donde utilizarlo, un nuevo recuerdo en mis manos.
Les dejo allí, y me bajo en la parada donde vive María, subo su calle, y justo antes de llegar a su portería, se encuentra un enorme local abandonado, lleno de pintadas y dibujos, entre ellos hay un pequeño resquicio blanco, que todavía se salva.
Hasta ahora.
“She comes around my street now”
Una de las frase que aparece en al canción Gloria, de Them, y que tantas veces nos ha encantado escuchar.
“Ella viene hacía mi calle, ahora”
Espero que la lea, cada vez que se acerque hasta mí.
El Sol me ilumina lo suficiente como para despertarme, tengo un mensaje de María.
“Quieres que hoy vaya hasta tu calle?”
Sonrío, pero no contesto. Hoy he quedado con Lara para comer, no tardará mucho en llegar, de hecho lo hace ahora mismo.
“Hola…”
“Que tal?…”
“Traigo algo que ha hecho mi madre…me ha dicho que lo probaras…”
“Mejor, todavía no tenía nada preparado…”
Mientras Lara prepara la comida, y coloca todo en su sitio, respondo a María.
“Quedamos esta noche y cenamos juntos?”
Trato de ayudarla a colocar la mesa, y le pregunto por aquello que tenía que explicarme.
“Pues, nada…sabes que te conté lo de Jaime, no?”
“Si…”
“Pues,…que estamos juntos…”
“Juntos?”
“Si…”
“Bien por ti, entonces…”
“No tienes muy buena relación con el?”
“No tengo relación con el…”
“Pero lo que importa es que estés contenta…”
“Si, lo estoy,… tengo ilusión, además comienzo un trabajo en unos días…”
“No sé, parece que todo se encarrila de nuevo…”
“Me alegro…”
“…”
“Oye, podríamos quedar un día los 4?”
“En plan parejas?”
“Si…”
“No me van esos rollos…”
“Bueno, te insistiré alguna vez más…”
Mientras comemos, Ernesto llega a casa, parece haber olido la comida a distancia, no me extrañaría, es capaz de todo.
No lleva el traje de Papa Noel, ya es un avance.
“Vienes a comer?”
“No…”
“Tienes bañador?”
“Bañador?”
“Para que lo quieres?”
“Lo necesito…
“Y toalla?”
“Si, espera…”
“Que se supone que pretendes ahora?”
“Romper unas radios?”
“No, hoy sólo tomaré el sol…”
“Has elegido una época perfecta…”
“No como tu imaginas…”
Poco después, le veo salir de la habitación, con una sudadera negra, una gorra, y chanclas, además del bañador y la toalla que me pidió.
“Que tienes en la cabeza?”
No me responde, sólo sonríe y se marcha.
“Es muy normal esto en el?”
“No, él no es muy normal…”
Quedo en el metro con María, la veo llegar a lo lejos, y me abraza en cuanto lo hace.
“Como estás?”
“Contigo,… así que genial…”
“Por tu mensaje intuyo que viste la pintada…”
“G-L-O-R-I-A…”
“Me lo tomaré como un si…”
“Había pensado que podíamos comer algo por el centro, y perdernos por allí tranquilamente…”
“Perdámonos pues…”
Cuando estoy con ella en el metro, mi Yo psicoanalista no aparece, parece no tener cabida, sólo me fijo en sus detalles, en su forma de hablar, o en su manera de no hacerlo, consigue desconectarme de la realidad, y enfocarme solo en nuestro pequeño mundo.
Nos dirigimos hacía un minúsculo local donde hacen bocadillos, entramos, pedimos y nos sentamos en una de las mesas.
“Sabes, estoy muy contenta…”
“Porque?…”
“Primero por estar contigo ahora…sabes que cada vez que lo estoy no puedo dejar de sentirme así,… y después porque tengo algo entre manos de lo que te hablaré después…”
“No puedes decirme algo?”
“No,…démosle emoción….”
“…”
“Yo también estoy contento”
“Si?”
“No sólo por estar juntos también, sino, por que además me han propuesto formar un grupo, y tengo ilusión viendo como va todo…”
“En serio!!?
“Eso es genial, no?”
“Realmente si…”
“Me alegro mucho por ti Miguel…”
“Por nosotros María…”
Salimos de allí y nos perdemos por Rambla Cataluña, siempre que caminamos por un paseo, en el que a los lados queda tráfico y acera, decidimos siempre hacerlo por el medio, es algo en lo que coincidimos, y es algo que nos encanta recordar.
Apoyadas en un árbol, hay un par de bicis del servicio que ofrece el ayuntamiento, parecen pertenecer a un grupo de canis, que están discutiendo en la otra acera, o por lo menos es lo que intuimos al ver una mochilas en uno de los bancos que hay junto a ellas.
“Se las cogemos?”
“El que?”
“Las bicis”
“Quieres que les robemos unas bicis, que seguramente hayan robado ellos primero?”
“Si…”
“Vale, hagámoslo…”
Sin que se den cuenta, nos acercamos hasta allí y rápidamente salimos corriendo sobre ellas, vemos como se percatan y cruzan hasta el paseo central para pedirnos que nos detengamos, pero no lo hacemos.
Reímos sobre ellas, y encaramos cada una de las calles por las que improvisamos.
“No te imaginaba tan…”
“Tan como tu?”
“Como yo?”
“No…”
“Para ser como yo, tienes que ser más rápida…”
Acelero el paso y ella me sigue detrás, en cada semáforo paramos.
“Cada vez que el semáforo este en rojo, necesitaré un beso…”
“Pues te daré dos…”
Pedaleamos hasta llegar prácticamente a su casa, dejamos las bicis apoyadas, y unos chavales se encargan de darle uso poco después.
Nos detenemos frente a la pintada, y me sonríe poco antes de besarme una vez más.
“Me lo he vuelto a pasar genial contigo…”
“En eso consiste…”
“Me vas a decir que tienes pensado hacer…”
“Sólo te diré, que queda una semana para tu cumpleaños…”
Me deja con una de sus sonrisas, y sin nada más que me haga imaginar que es lo que tiene entre manos.
“She make me feel so good, …she make me feel all right”
Mañana es mi cumpleaños, realmente no siento nada en especial, o por lo menos no sentía nada hasta que María apareció en mi vida.
Para mi la edad sólo es un número, jamás he creído que nadie pertenezca a esas cifras.
He quedado en mi casa con los chavales, para ensayar. Aprovecharemos que Ernesto no está, y trataremos de darle uso a la oportunidad.
Realmente no se donde prosigue hoy sus andanzas, lo único que conozco, es que hace unos días estuvo a punto de meterse en un follón, el, junto a unos compañeros, decidieron estirarse sobre unas toallas en el suelo de la plaza San Jaime, frente al ayuntamiento, según me contó, pretendían hacer una protesta contra los que viven permanentemente de vacaciones, y contra los que deciden tomar el sol, mientras los suyos se ahogan entre problemas.
La policía trato de sacarlos de allí, pero consiguieron salir corriendo.
Para estar en contra de la televisión, ha salido un par de veces últimamente.
Suena el timbre, son ellos.
“Que tal?”
“Bien, pasad…”
Hoy probamos sin batería, disponemos de una guitarra, un bajo y un pequeño teclado que simula varios instrumentos.
No perdemos el tiempo, y poco a poco nos metemos en un ritmo que apenas acabamos de encontrar.
Me siento confiado, y me atrevo con una de las letras que tengo escritas.
6 jinetes esperando la misma señal,
sus ojos buscan esconderse del Sol,
Sombras enterradas por la escarcha,
sentimientos fumando en una extraña taberna,
días apoyados sobre mugrientas esquinas.
Las hojas secas del cambio aún pretenden entrar,
ofrecisteis vuestro nombre en una cajita de metal
ahora sus dueños custodian pedazos de oscuridad.
Hay una tarde de verano atrapada en una cometa sin rival
Como quieres hacerla volar?
Recuerda que tus manos no saben acariciar.
El decepcionado mar no pretende llegar,
gaviotas apoyadas en cabezas llenas de sal,
en esta arena no hay pasos que rememorar
Necesitas escuchar palabras, pero no en cualquier hablar
Eternas imágenes hechas de inmunidad,
protegen en sombreros maneras de olvidar,
puedes seguir creyendo que todo empezará,
pero tu corazón morirá si pretendes amar,
déjate llevar por el amargo fuego que te impide llorar
escogiste belleza a cambio de no sentir nunca más.
Larga vida a la larga, señorita de metal.
“Creo que suena muy bien…”
“Encontramos algo tío…”
Pasamos dos horas ensayando, hasta que finalmente se marchan, poco a poco vemos como alguna de nuestras melodías coge cuerpo, como las canciones nacen, y como el camino se alarga al mismo tiempo que avanza más rápido.
Me estiro en la cama tranquilamente, y escucho algo de música, desde allí veo como la luna se asoma a través de la ventana, aquella gigantesca luz, siempre me embriaga.
Desde pequeño la veo como si fuese mi altillo, como si pudiese subir, y quedarme allí suspendido. Despreocupado.
Por un momento por mi cabeza, se cruza la idea de viajar, desde hace tiempo Barcelona se ha convertido en mi decorado, mi único escenario, y empiezo a agotar la necesidad y la voluntad de continuar mis pasos aquí.
Mis ojos se cierran, hasta que finalmente me acompañan en un profundo sueño.
Llegó el día, un año más, esta vez me despierto con un mensaje.
“Me abres? Tengo un regalo para ti…”
Rápidamente me visto con lo primero que encuentro.
Detrás de la puerta está ella, la chica de los ojos inmensos, y entre sus brazos, una gigantesca caja que parece pedirme que me sumerja dentro.
“Que es eso?”
“Ya lo verás…”
Recibo la caja y entramos.
“Es tu regalo…”
La dejo un momento en el suelo, y me levanto para abrazarla.
“Sabes que mi mejor regalo eres tu…”
Nos sentamos en el suelo del comedor, y decido descubrir lo que hay en su interior.
Esta llena de pequeños detalles, entre ellos puedo ver números escritos, por lo que deduzco, que estará cargada con veintiún regalos.
“Chica…”
“Eres genial…”
Cada una de las muestras que hay dentro, corresponde a un recuerdo, que durante todo este tiempo nos ha acompañado.
Hay una pequeña vela con el número 6, también un vale por una piadina con el número 10, e incluso una camiseta de los Doors con el número 3.
Pero faltaban tres allí dentro, el 19, el 20 y el 21.
“En serio, no se lo que decirte…”
“Tu mismo me has respondido muchas veces a eso…”
“Mejor no digas nada…”
“…”
“Oye, no faltan tres números?”
“Si, pero esos tienes que conseguirlos tu….”
“Como?”
En ese momento se levantó y me sonrío, antes de explicarme finalmente como debía localizarlos.
“A lo largo del día te daré unas pistas…”
“Y de ti dependerá encontrarlos…”
“Jaja…me vas a hacer jugar?”
“Claro, así es más divertido…”
Dejamos todo aquello allí, y marchamos, en realidad en ese instante era cuando comenzaba todo.
Bajamos hasta mi portería y allí decide dejarme antes de marcharse, era cosa mía y sólo mía el encontrar las tres piezas que me faltaban.
Antes de abandonarme, me ofrece la primera de las pistas.
“Si estoy allí, sabré siempre lo que piensas”
Sonrío, y desparece.
Comienzo a darle vueltas a la frase.
Trato de encontrarle un sentido en mi cabeza, trato de construir una imagen, o una posibilidad, pero es mucho más complicado de lo que pensaba.
No se donde empezar, ni donde acabaré. Por un momento pienso en alguna de mis libretas, pero es una estupidez, hace unos minutos estuvimos allí y no vi que guardase nada.
“Lo que pienso?”
Me paso prácticamente toda la mañana dando vueltas sin ir a ningún sitio, le pido una ayuda más, pero me dice que sólo me repetirá lo que ya me ha dicho
Hasta que finalmente me siento en un banco cercano a su Universidad.
Mi mirada se pierde entre la madera. Y es allí donde nace la respuesta.
“Claro, mi banco!”
Me subo a la moto de nuevo, y esta vez la detengo frente al pequeño lugar que tantas veces me ha visto inquieto. Camino lentamente, y busco en cada uno de los rincones, hasta que en un pequeño hueco, en la parte de atrás, veo un 19.
En ese momento sonrío, al ver como había dado con lo que necesitaba. Y con la sonrisa que ella allí había dibujado.
“Ya tengo una…”
“Realmente eres buena…”
“Mejor de lo que pensaba…”
“Pero ahora necesito una nueva pista…”
“No te preocupes, te quedan dos aún…”
“Y la primera es…”
“She come to my house…”
Después de aquella frase, colgó. No es más que una parte de la letra de Gloria. Por lo que esta vez sería más sencillo.
Tal y como decía la canción, me acerqué hasta su casa, y me detuve frente a la pintada que días antes le había dejado.
Sonreí como un capullo al ver como el número 20 aparecía en una de las esquinas.
Decidí picarla, quizás estaba allí todavía, pero nadie respondió.
Así que la llamé.
“Knock upon my door…”
“Pero no estabas…”
“Claro, estoy guardando el último de tus regalos…”
“Si, y cual es la pista?”
“La pista soy yo, y la pista eres tu…”
Decido darme la vuelta, ante la sospecha de que se encuentre cerca, pero esta vez mi intuición no acierta.
Cojo la moto y decido buscar por el barrio, no se lo que pretende decir, ni donde puede estar, así que regreso a casa.
Y es entonces cuando descubro el final.
La veo sentada en mi portería, con una camiseta con el número 21.
Me acerco hasta ella, dejo el casco en el suelo, y nos besamos.
“Así que tu eras el último de los regalos?”
“Nosotros,…nosotros éramos el regalo”
“Y el pasar la noche juntos…”
De nuevo la abrazo y vuelvo a besarla.
Gracias a María, el día vuelve a recuperar lo especial que años atrás tenía, pero ahora la intensidad del momento, me llevará siempre hasta ella.
Subimos a casa, le enseño parte de las letras que tengo escritas, y le cuento como va el proyecto.
“Estoy tan contenta por ti…”
“Recuerdo que me lo contabas sobre la pirámide de cuerdas, y ahora es realidad todo aquello…”
“Sabes que gracias a ti he llegado a este punto?…”
“Me diste la confianza suficiente…”
Pasamos la noche juntos, y de nuevo consigo verla despertar, unos segundos antes de que sus ojos lleguen a hacerlo.
Nos levantamos y veo que tengo un mensaje de Jorge.
“Quedamos esta noche y cenamos?”
María me comenta , que ella también tiene una cena, con una antigua amiga a la que hace tiempo que no ve, me propone el quedar los cuatro, y así ganar una nueva oportunidad para vernos.
“Los 4?”
“No me va el tema parejas…”
“Ellos no están juntos…”
“Que me ofreces a cambio?…”
“Que me pides?…”
“Pasar de nuevo la noche conmigo…”
“Miguel…”
“Pues no hay trato…”
“No te contesté aún…”
“Entonces, que me dices?”
“Que no preguntes obviedades,… claro que me quedaré…”
Llamo a Jorge y le comento el plan, quedamos en el metro, y le explico que allí nos encontraremos los cuatro para ir a cenar. María regresa a casa, y yo recibo una llamada de Ernesto.
“Miguel?”
“Dime…”
“Me puedes ayudar en algo?”
“Depende…en que te has metido ahora?…”
“Necesito un conductor…”
“Tu conduces…”
“Ya, pero yo estaré ocupado…”
“Y en que consiste el plan?”
“Tu sólo tienes que conducir…”
“…”
“En un momento alguien llegará en una furgoneta, bajas y te haces cargo de ella, te guiarán por donde debes ir, y pasáis a recogerme, luego, finalmente, ya iremos donde tenemos pensado acabar…”
“Joder, o cada vez estás más loco…o cada vez entiendo menos…”
“No te preocupes…”
“De momento no lo hago…”
Estirado sobre la cama, escucho como pican al timbre, intuyo que será la señal de la que me informó Ernesto.
Me asomo por la ventana, y veo una furgoneta blanca, subida sobre la acera.
De ella bajan dos chicos, me acerco hasta ellos y me presento.
“Hola, se supone que soy el conductor…”
“Ernesto nos habló de ti, tenemos que ir a recogerle…”
“Cuantos sois?”
“Aquí dentro somos 5…”
“6 con el…”
“Y todos eso maniquís?”
“Forman parte de lo que tenemos pensado…”
“Ah, pues nada, conduzco entonces…”
Llevo la furgoneta hasta donde me dicen, allí nos espera Ernesto, sube en ella y nos dirigimos hacía donde me indican.
“Portal del Ángel…”
“Que pretendéis hacer?…”
“Nada, sólo colocar estos maniquís….”
“Hay otra furgoneta que nos espera allí con más gente…”
Les dejo donde me dice, y me pide que le ayude.
El plan consiste en dejar los muñecos a lo largo de toda aquella calle.
El problema es la cantidad de gente, ya que es una de las más concurridas de la ciudad.
“Bueno, va te ayudo,…pero todavía no entiendo porque lo hago…”
En cada uno de los maniquís, hay una camiseta con un mensaje. Todos ellos reflejan alguna de las carencias de la sociedad actual.
“Egoísmo” “Avaricia”
Además de algunas frases con la misma intención.
Colocamos aquella recreación a través de todo el paseo. Y durante unos instantes y desde un lugar apartado, vemos la reacción de la gente.
Me despido, mi trabajo ha concluido, Ernesto me da las gracias, y decido llamar a María, para informarle del cambió de planes. Hago lo propio con Jorge, y espero apoyado en una barandilla hasta que lleguen.
Veo como aparecen, y saludo a Faina, la amiga que acompañaba a María.
Finalmente llega Jorge, y nos acercamos a un pequeño bar, donde entramos y pedimos algo para cenar.
Mientras la noche avanza, vemos como conectan, y como la complicidad nace entre sus miradas, y sus palabras.
Parece que la cena ha dado algo más que un simple trato.
Veo a Jorge feliz, y es algo que me alegra, quizás es el impulso final, que necesitaba para salir de toda aquella oscuridad.
Las horas se consumen, y abandonamos el local, antes de coger el metro, les pido si podemos pasar por la calle donde el desfile estaría a punto de acabar.
Aquellos maniquís todavía siguen allí, aunque muchos han sido mutilados.
Decidimos regresar a casa, ellos se despiden, parecen haber nacido el principio de un interés mutuo.
Nosotros nos marchamos juntos, y la promesa que me hizo María, se convierte en un despertar más.
Han pasado tres meses desde que inicie la aventura con los chicos del grupo, hoy disponemos de la primera oportunidad, para hacer que nuestra música consiga vida más allá de nuestros limitados cuerpos.
Reconozco que estoy nervioso, estoy frente a mi miedo, pero debo exponerme si quiero vencerlo, puesto que tras él se encuentra la ilusión de verme convertido en el recuerdo, en el que siempre quise verme.
Lara me llamó ayer, para que me pasase esta mañana por su nueva casa, y le ayudase con los muebles, al final consiguió el trabajo que buscaba, y encontró una ganga en la que poder tener su pequeño rincón, y donde poder empezar de cero.
No sigue con Jaime, lo dejaron cuando el decidió darle una oportunidad a la noche, y cometió el error que hace tiempo a ella le había condenado.
Parece ilusionada, parece feliz, y parece contar con las ganas de volver a ser. Cuando regresó, no pensé que volveríamos a tener aquella relación, pensaba que era mucha la distancia que nos había separado, sin embargo ahora, la veo junto a mi de nuevo, quizás fue el orgullo lo no me hizo verlo antes, o quizás simplemente que la posibilidad de hacerlo, no existió hasta hoy.
“Esas sillas las colocaremos ahí…”
“Me gustan…”
“A mi también, las conseguí de oferta en un pequeño puesto, de piezas restauradas…”
“Está quedando bien…”
“Si? Ya sabes que es como tu segunda casa…”
“Gracias,…pero sería mayor el favor, si te quedases con Ernesto…”
“Creo que no puedo restaurarlo…”
Ernesto ha continuado con su lucha, sigue tratando de dedicar su tiempo a defender y a llevar a cabo lo que le interesa.
Desde que se desnudó frente a la posibilidad de abandonar su vida, entendió que no existe motivo para no hacerlo.
Y así vive desde entonces.
A veces no entiendo cual es su porque, pero a veces el porque es solo hacerlo, nos perdemos en posibilidades, en pensamientos futuros, en posibles errores, en miedos, en temores, y olvidamos que al final de todo, los únicos sitios a los que querremos haber llegado, serán a los que no habremos ido.
Algo así me sucedió con María, decidí intentarlo, porque quería hacerlo, porque deseaba hacerlo, y porque no hubiese tenido sentido no probarlo.
Y funcionó. Ahora en dos semanas nos marchamos a Londres, y allí continuaremos nuestra historia, cambiando esta vez, el escenario del juego.
Quizás en parte, nuestro pequeño cuento ayudó a Jorge, para seguir viéndose con Fayna, desde la noche en la que coincidimos los cuatro, son muchas las que han compartido juntos, en ocasiones me pide consejo, o me pregunta si puedo ayudarle, con algo de lo que tiene planeado, me veo reflejado en el, me siento como un pequeño maestro, para quien necesita sorprender.
Hace unos días, subió con ella, a lo alto de aquella montaña, que nos puso la ciudad ante nuestros pies, y que nos dio fuerzas para enfrenarnos a la perdida de su hermana.
Me alegra verle tan bien, parece que el encontrarse con ella, ha sido una inyección de moral, es cierto aquello que mi abuelo me dijo una vez.
En la vida, todo puede oscurecerte, pero sólo los destellos únicos, pueden hacerte brillar.
“Donde pongo estas figuras?”
“Déjalas allí, en el mueble…”
“…”
“Comemos, no?”
Nos sentamos en el suelo plastificado, y entre risas devoramos lo que preparó hace tan solo un rato.
Recibo un mensaje de María
“Me dedicarás alguna de las canciones de la noche?”
Bajo la cabeza y sonrío, pienso entonces en el recuerdo que me espera, en ella, y en que me encuentro subido a un momento, del que no me quiero bajar.
Me despido de Lara, nos veremos esta noche, así que regreso a casa.
Ernesto no está, y necesito tranquilidad, una vez más enciendo mis velas, y decido llenar la bañera, está vez estaré solo, pero necesito relajarme, bajo todas las persianas, y evito que más luz entre.
Deseo la mayor oscuridad posible.
Estoy a tan solo dos horas de convertir la ilusión en recuerdo, y quiero llegar a un punto vacío, en el que poder desaparecer, en el que poder liberarme, y en el que la música que suena al final del pasillo, me permita escapar de la realidad, durante unos segundos.
Me sumerjo dentro, y pienso en todo lo ocurrido hasta este momento, la imagen de mis padres se cruza ante todo ese silencio, mi abuelo aparece junto a ellos, y cada una de las personas con las que he tenido la oportunidad de convertirme en recuerdo, finalmente el oscuro aparece de nuevo, y lo último que se intuye al final, es la imagen con la quiero cerrar el momento, y no es otra que la de esta noche, en algún punto sobre el concierto.
El olor de las velas, el calor del agua, el reloj ha corrido más de la cuenta.
Trato de vestirme todo lo deprisa que puedo, no dudo, no tengo tiempo.
Me paro frente al espejo rápidamente, y cojo el casco antes de cerrar la puerta.
La pequeña sala donde se encuentran, está en la otra punta de la ciudad, y debería haber salido hace media hora, viajo sobre el tiempo, y tan sólo me quedan unos minutos si no quiero llegar tarde ante todo aquello.
Apuro los semáforos cuando todavía parpadean, la luz de los círculos parece condenarme a la espera, pero ahora no existe el momento, debo correr, sino quiero perder la oportunidad de hacerlo.
Los coches pitan, el sol desapareció hace tiempo, y el caos se apodera del momento.
Apenas me quedan 10 minutos, y todavía estoy a medio camino, no permito al semáforo dudar, decido pasarlo en rojo, y cierro los ojos al acelerar con miedo.
…
El reloj ha muerto, el tiempo que esperaba pacientemente ha decido marcharse, la gente se impacienta, y nadie de los allí presentes sabe lo que sucede, tratan de localizarme, pero ya no podré contestarles.
Hay un todoterreno cruzado en medio de la calle, el tráfico ha quedado detenido, la moto agoniza unos metros más allá, y mi cuerpo descansa sobre uno de los pasos que cruzan entre las calles.
Un enorme charco de sangre se encarga de darle realidad al hecho.
La gente se amontona alrededor, para ver lo acontecido, todos parecen desear que sea lo más horrible posible, es como un espectáculo, ante los ojos de un público que necesita siempre más.
El móvil sigue sonando, a varios metros de mi brazo.
El organizador del espectáculo, les dice que no puede esperar más, así que deciden llevar la actuación de todos modos, Ernesto se ofrece para cantar las letras, apuntadas sobre una de mis libretas.
Nadie sabe lo que ha sucedido, nadie sabe porque no he llegado, muchos solo creen que tal vez lo pensé mejor, y decidí no aparecer.
Desconocen lo que mi cabeza sentía, pocos segundos antes de dejar de hacerlo.
El número acaba convirtiéndose en una improvisación, finalmente lo llevan hasta el final, y consiguen acabarlo.
Una vez fuera del momento, se felicitan, y se preguntan donde me encuentro, y si alguien me ha localizado.
La preocupación existe, bajo los ojos de María, desconoce el motivo, sin embargo no imagina lo ocurrido.
Media hora después, abandonan el local, Jorge, Lara y Fayna deciden marcharse, Ernesto y María hacen lo propio, ella le pide que le llame, si sabe algo.
Aquella pequeña sala, descansa vacía, como mi pequeña vida.
Ernesto recibe una llamada. Su número era el último que aparecía en mi teléfono.
“Si?”
“Ernesto?…”
“Si, soy yo…”
“…”
“Usted conoce a Miguel Gómez Vila?”
“Si,…ha sucedido algo?”
“…”
“Si…”
“Queríamos comunicarle, que…ha fallecido hace escasas dos horas…”
“Que!?”
“…”
“Lo sentimos mucho…”
“…”
“Como ha sido!?”
“Ha sufrido un accidente de tráfico…”
“No encontramos en el móvil, el numero de sus padres, ni de ningún familiar, salvo el de su tío, pero no nos lo cogía…”
“Yo…soy su padre…”
“Sentimos mucho lo ocurrido Ernesto…”
“Le informamos de todo el procedimiento, y le pedimos si puede acercarse…”
“…”
El tiempo sigue corriendo, pero ya sin velocidad ni eco, Ernesto asume la responsabilidad de todo aquello, y sigue las pautas que le marca el hecho.
Una vez consigue controlar la situación, decide llamar a María.
“María?”
“Hola…”
“Soy Ernesto…”
“Si, dime…
“Has conseguido localizar a Miguel?”
“…”
“Por eso te llamaba…”
“…”
“María…”
“…”
“Dime…”
“…”
“Miguel ha sufrido un accidente de tráfico…”
“Que!!?”
“Y como está? Donde está? Dime donde es y me acerco…”
“…”
“María…”
“…”
“Miguel ha muerto…”
“…”
“Que!!?”
“…”
“No,…no puede ser, no puede ser verdad, dime que no es cierto!…”
“Lo siento…”
“…”
“…”
“María?..”
La comunicación se corta, Ernesto se sumerge en la sensación que le oprime, en lo ocurrido, en la perdida de quien para él fue un hijo, se sienta en el suelo del comedor como tantas veces hicieron antes, enciende la mini cadena, y suena la última canción que escucho Miguel desde la bañera.
Hurt de Johnny Cash.
Las lágrimas vencen a sus ojos, tenía olvidada esa reacción, sus mejillas se empapan, mientras el resto de su cuerpo parece no tener vida.
María está escondida bajo su cama, la almohada cubre su cabeza, parece pedirle a alguien, que le explique que sucedió hace tan solo unos instantes.
El sollozo la devora, y sus ojos se enrojecen hasta que el dolor vence, y el sentido se pierde.
Todo parece haber acabado.
…
Han pasado un par de días, y la despedida vuelve a unirles.
Allí se encuentran todos los deseados, y algunos a los que Miguel hubiese preferido no ver.
En una de sus libretas anotó, que cuando desapareciese de esta historia, quería sumergirse bajo el mar, para poder sentir una vez más, que la vida aún le pertenecía, y que todo quedaba allí arriba.
La playa se convierte en el escenario de aquel final, María apoya su cabeza sobre Ernesto.
Y ven como el contoneo del mar, devora una historia más.
Ernesto pide leer unas palabras, que el propio Miguel escribió en una de sus hojas.
Larga Autopista
Larga autopista la que recorren mis pies,
el sol está empezando a no dejarme ver,
chaqueta al cuello, barba de un mes.
Creo que al final todo cambia, y suele ir bien.
Esmoquin inglés, en una fiesta sin compromiso,
todos se alegran de verme, pero nadie me reconoce,
las luces de la ciudad hoy están muy fuertes,
creo que regrese a un tiempo, en el que nunca estuve.
Estrecho pasillo, sonrisas apoyadas en la pared,
parece que mi ropa ha vuelto a ser,
la que un día encontré en el cajón.
Un tipo parece haber encontrado su razón.
“Las miradas son peligrosas, cuando nos las puedes ver”
Oscuridad dormida, vestidos de ayer,
todos parecen esperar a que les hable de usted,
mamá me viene a buscar, y pregunta que si tal vez,
puedo abrirle esa estúpida ventana, que yo mismo cerré.
Cielo desprotegido, ojos libres,
La gente vive en este vecindario, desde que duerme en aquella red,
yo no quiero quedarme aquí, prefiero ser invisible,
a tener secretos que guardarles.
Pequeña chica, ojos grandes,
No me importa donde puedo perder,
estoy convencido de que el reloj, no me espera en la estación,
y que este barco no tiene mar en el que zarpar,
confío al menos en que puedas sentir, como te miro al despertar.
Trucos de manos, juglares descalzos,
protejamos lo que acabamos de descubrir, ya que puede ser todo,
lo que reconozcamos entre el salto y el caer.
No te preocupes, el semáforo vuelve a estar verde.
Y yo te deseo antes de llegar al diez.
Sonidos mudos, silencios rudos,
Dejaré todo como está, en realidad es lo mejor para vosotros,
no necesitáis buscaros, ni necesitáis altura para mirar,
yo me convierto en un desconocido, y vosotros seguís
preparando la fiesta, para cuando decida regresar.
Al fin y al cabo, está sólo es la historia de un chaval.
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